La FIL generó lo que se deseaba: curiosidad

- 12 de septiembre de 2016 - 00:00
Una de las áreas de la feria que tuvo mayor asistencia de público fue la de los niños, que contó con 5 stands.
Foto: Miguel Castro / El Telégrafo

Cecilia Ansaldo, coordinadora de la cita, destacó que el público pudo adquirir libros y disfrutar de los eventos.

Las preguntas que rondaron por los pasillos y las salas de la II Feria del Libro de Guayaquil (FIL) eran inhabituales, pero alentadoras: ¿Cómo se pronuncia su apellido?

¿Cotsía?  ¿Cotsé? ¿Cotsí? La figura del Nobel de Literatura J. M. Coetzee en Guayaquil activó lo más importante que una feria debe provocar: curiosidad. Luego, si hay suerte y empeño, vendrá la lectura.

En la entrada del Centro de Convenciones la librería Mr. Books contaba con gran parte de los libros del sudafricano, entre los que destacaban Escenas de una vida de provincia (que reúne sus tres obras autobiográficas), La infancia de Jesús, Vida y época de Michael K, y El maestro de Petersburgo. Su obra de ensayos Contra la censura se agotó en los primeros días, pero luego fue repuesta y podía adquirirse en  LibriMundi, bajo la publicación del sello Debate.

La oferta editorial de las principales librerías contaba con las obras de casi todos los autores internacionales invitados, especialmente de Federico Andahazi, Laura Restrepo y Jeremías Gamboa.

Los libros de Fabio Morábito, Mariana de Althaus y Alberto Manguel (quien no pudo llegar al encuentro por complicaciones en su vuelo) escaseaban, mientras que los de los autores nacionales se exhibían con prioridad, como Hoteles del silencio, de Javier Vásconez; Tiempo, de Abdón Ubidia; Yo soy mi cuerpo, de Aleyda Quevedo; y La curiosa muerte de María del Río, del cuencano Juan Pablo Castro Rodas.

Fabián Ayala, distribuidor del Fondo de Cultura Económica, destaca que las obras más vendidas han sido de literatura infantil, especialmente de los autores ecuatorianos Roger Icaza y María Fernanda Heredia. Otras de las obras más solicitadas ha sido El gran escape.

“Filosofía, ciencias sociales y literatura infantil fue lo más demandado. Tuvimos clientes de todas las preferencias”, apunta Ayala.

“Este año ha sido muy bueno para autores ecuatorianos, especialmente para quienes publican en sellos internacionales, como Javier Vásconez o Juan Pablo Castro Rodas. Y claro, también para la literatura juvenil porque es una temática que gusta mucho a los jóvenes de acá que están ávidos por leer sagas. También introducimos una colección de libros de premios Nobel a un precio muy asequible,  8,50, que se ha vendido muy bien”, dice Kevin Wright, directivo de Mr. Books y LibriMundi.     

En el stand de la Casa de la Cultura Ecuatoriana -que llevó libros de la matriz y del núcleo del Guayas- se vivió la sensación de haber cumplido lo que se propusieron.

Wendy Castillo, secretaria del departamento de Coordinación de Eventos, destacó el hecho de que este año la feria contara con una mayor oferta, con más librerías.

“El libro que más salida ha tenido es el de Jorge Velasco Mackenzie, La Casa del Fabulante, vendido a 10 dólares”, señaló Castillo, quien agregó que la novedad que llevaron este año fue De Puertas para afuera, de Fernando Cazón Vera. En el área infantil, Emilio Salazar -uno de los expositores del stand Matilde Lee- precisó que, en los 5 días de feria, por lo menos 500 niños habían ido a escuchar los cuentos, no solo de Roald Dahl, sino de autores como Julio Verne y otros. El escritor Javier Vásconez (Quito, 1946), cuya obra Hoteles del silencio fue presentada y tuvo condigna respuesta del público, manifestó que, en su opinión, hubo demasiados eventos para muy poco público, ya que “Guayaquil no es Nueva York o París”.  

Cubrió expectativas, pero...

Cecilia Ansaldo Briones, coordinadora literaria del evento, destacó como fortalezas de la feria el que el público asistente pudiera cumplir dos objetivos claros: la adquisición de libros y disfrutar de la calidad de los eventos literarios.

Ansaldo, quien manifestó su aspiración de que septiembre se convierta en el mes de la feria del libro en forma permanente, resaltó la asistencia masiva del público, del que se esperaba llegara una cifra aproximada de 25.000. “Solo ayer -sábado- tuvimos la presencia de unas 6.000 personas”. Pero si la asistencia ha sido copiosa durante los cinco días, no todo dejó un buen sabor para la académica, ya que dos escritores no cumplieron con los compromisos asumidos: Jorge Velasco Mackenzie y Fernando Cazón Vera. En el caso del primero, nunca apareció por el recinto ferial, y en el del segundo, solo cumplió con uno de los actos y no con dos, como estaba previsto, enfatizó Ansaldo. (I)

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