Manabí todavía purifica agua con filtros coloniales

- 30 de abril de 2018 - 00:00
En el sector Los Eléctricos, zona alta de Manta, Ernesto Rojas purifica agua con el uso de filtros coloniales, tiene dos en su propiedad que está ubicada cerca de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (Uleam).
Foto: Patricio Ramos / EL TELÉGRAFO

Esta tradición de purificar el agua ha pasado de generación en generación en los distintos poblados de la provincia, los alambiques aún se ven en varios poblados.

El agua es fresca y hasta a veces helada. Se la obtiene a través de un proceso de filtrado que data de la época colonial y desde los albores del ingreso de los españoles a tierras ecuatorianas. Son dos piezas las que se las utilizaba y aún siguen vigentes para el proceso de purificación del líquido, especialmente en las zonas rurales de la campiña manabita.

El filtro, que fue elaborado a partir de una roca porosa  de forma cóncava y la botija o tinaja de arcilla, forman parte de este kit histórico de filtrado que aún sigue en uso. Este sistema de purificación se mantiene especialmente en las zonas rurales de los 22 cantones de Manabí. El filtro, según Alberto Miranda, investigador y presidente de la agrupación “Fortaleza e identidad manabita” en principio fue introducido por los españoles, posteriormente se lo elaboraba en Perú y se lo traía a Ecuador  hacia  varios sectores especialmente del  litoral ecuatoriano, afirma.

En Manabí se preservó muy bien, adquirió el nombre de alambique y estas piezas se conjugaron también con las vasijas que fueron fabricadas de forma cilíndrica con una pequeña boca donde encajaban las gotas que caían después del proceso de filtración, asegura Miranda.

En Calceta, cabecera del cantón Bolívar, noroeste de Manabí, en algunos recintos los campesinos aún purifican agua especialmente la que obtienen de pozo. Eumeny Álava es un investigador de la zona, comenta que las piezas de purificación de agua han pasado de generación en generación en todo Manabí.  Quienes heredaron estos artículos, los ubican a manera de objetos de decoración y los mantienen intactos, asegura Álava.

En las ciudades cercanas al mar, entre ellas Manta, las botijas se utilizaban además para recoger líquido que se acumulaba en las albarradas cuando llovía.  Una vez cargada las botijas eran  llevadas rodando por el suelo hacia sus hogares, comenta Ernesto Rojas, él vive a un lado de la vía a San Mateo, suroeste de  la urbe. Este estudioso de la medicina natural tiene en su casa en plena zona urbana del puerto las piezas para filtrado de agua. Cuenta que el líquido que le llega a través de la red pública lo somete al proceso de purificación con las piezas coloniales.

Recuerda que un amigo le obsequió por su cumpleaños hace más de 50 años primero el filtro. Diez  años después compró la vasija con capacidad para 40 litros. Con sus habilidades de carpintero elaboró la estructura con madera y caña guadúa. El filtro, en la parte de la superficie forma como un cuadrado, en las cuatro puntas existen unas especies de orejas las  que permiten ubicarlo en la base. Mientras que la botija está debajo del filtro lista para recibir el agua que cae gota a gota.

Rojas cuenta que en Manta hasta hace medio siglo la gente se abastecía de agua que se acumulaba en las albarradas. Este sistema de almacenar el líquido es usual desde la época precolonial. En aquella zona se formaban estos reservorios naturales de agua en las zonas del barrio Jocay y Avenida de la Cultura. Aquel elemento que estaba a cielo abierto se mantenía gracias a la abundancia de lechuguines (planta acuática). Las botijas servían para transportar el agua la que luego era sometida al proceso de filtrado en los alambiques. Cuando se vierte el agua en el filtro, después de dos horas empieza a caer en  la botija gota a gota el agua ya sin impurezas. (I)

El filtro de piedra porosa es el elemento clave para el proceso de eliminación de impurezas del agua que será utilizada para consumo humano. Foto: Patricio Ramos / El Telégrafo

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