Incendio destruyó el 90% del Museo Nacional de Río

- 05 de septiembre de 2018 - 00:00
Cariocas protestan contra el gobierno brasileño tras el incendio del Museo Nacional. Hubo forcejeo con la policía.
Foto: AFP

Vinculada a la Universidad Federal de Río de Janeiro, la institución había sufrido recortes en la financiación que obligaron a cerrar al público parte de sus espacios.

No hay escala o antecedente para evaluar el nivel de pérdidas que dejó el incendio que devastó el Museo Nacional, en Río de Janeiro, que albergaba 200 años de historia, pero también registros científicos únicos devorados por el fuego que conmocionó al mundo el domingo pasado.

 El palacio en la Quinta de Boa Vista fue inaugurado en 1818 por el emperador Joao VI, que lo usó como residencia. Actualmente, el museo había sufrido un recorte drástico de presupuesto -motivo de quejas y manifestaciones tras el suceso-, pero la tragedia mayor fue la pérdida de objetos únicos, de documentación y también de papeles sobre investigaciones científicas de décadas.

“El 90% del museo se perdió”, dijo la vicedirectora del museo, Cristiana Serejo.

Entre el desastre se perdió, explicó, el Maxakalisaurus topai, cuadrúpedo herbívoro que era el dinosaurio más grande montado en Brasil. Pero todo es relativo porque aún no se ha podido ingresar para remover los escombros. Se cayeron los techos del palacio. Todavía se desconoce cuánto sobró de “Luzia”, el fósil de 12 mil años que registra al primer humano ocupante de las Américas. Entre las piezas fundamentales de las 20 millones que tenía el museo y centro de investigaciones científicas de la Universidad Federal de Río de Janeiro estaba el quinto archivo del mundo. 

Así, se quemó uno de los mayores archivos amerindios, sobre todo los papeles del imperio portugués de su contacto, a partir de 1500, con los pueblos originarios. Incluso el considerado primer diario impreso del mundo, de 1601.

Según el inventario que realiza la universidad, se quemaron también archivos sobre el tráfico de esclavos de  África, el documento de la firma de la Ley Aurea, que  en 1988 puso fin a la esclavitud en Brasil, el sarcófago de Sha-amun-en-su, uno de los  pocos del mundo que no fueron abiertos y murales de Pompeya, una ciudad italiana arrasada por el volcán Vesubio.

También el trono del rey Adandozan, del reino africano de Daomé, del siglo XVII. Manuscritos del siglo XI, en griego, de los cuatro evangelios y un ejemplar completo de la Enciclopedia Francesa, una de las obras de referencia para la Revolución Francesa.

Para Roseane Borges, investigadora de la Universidad de Sao Paulo, el ajuste en las cuentas públicas que redujeron el apoyo oficial al museo más importante de Brasil muestra similitud con situaciones de guerra como la destrucción que realizó el Estado Islámico de los templos y museos de Mossul, Irak. “Pero ahora es una guerra de Brasil contra Brasil”, subrayó.

“La carbonización del Museo Nacional es un emblema real y simbólico de lo que representó el retroceso neoliberal para el patrimonio científico, histórico y artístico. El museo agonizaba dando señales de colapso inminente”, escribió Borges en la revista Carta Capital.

La esperanza de los investigadores es poder reconstruir áreas como las de antropología y arqueología, donde piezas importantes estaban guardadas en armarios.

La arqueóloga Denise Maria Cavalcante Gomes dijo que teme haber perdido su investigación -cuadernos y dibujo- del campo de excavaciones en la Amazonía brasileña listos para publicar en revistas especializadas. La investigación apuntaba a desarrollar el conocimiento sobre pueblos amazónicos con alta sofisticación artística y científica antes de la llegada de los portugueses.

Sobrevivió al fuego el mayor meteorito hallado hasta ahora en Brasil, con 5,36 toneladas,  llamado Bendegó. Fue descubierto en 1784 en el desierto del interior del estado de Bahía y llegó al museo 100 años después. Este meteorito es el 16 encontrado en el mundo. 

El profesor Paulo Buckup, investigador y biólogo, llegó tras el incendio y logró sacar compartimientos que contenían especies y moluscos investigados por décadas. “Son ejemplares que fueron usados para describir especies de fauna sudamericana, tanto marinos como de agua dulce. Se perdió todo el material de insectos, arañas y crustáceos”, acotó. (I) 

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