Fernanda Melchor: "Stephen King es uno de mis grandes maestros"

- 27 de junio de 2018 - 00:00

La autora de Temporada de Huracanes, una agreste novela coral que juega con un lenguaje y situaciones violentas propias de su país, reflexiona sobre su proceso de escritura, las referencias que nutrieron su relato y los símbolos que aparecieron luego de terminar esa obra.

La escritora mexicana Fernanda Melchor es originaria de Veracruz, un Estado que, según el informe de 2017 de Reporteros sin Fronteras, está considerado como la zona más peligrosa para hacer periodismo en América Latina.

Aunque Melchor no vive en su ciudad natal hace seis años y ahora reside en Puebla, el horror insospechado y la violencia naturalizada de su país recorren toda su obra narrativa, una que empezó con el periodismo –es autora del libro de crónicas Aquí no es Miami–.

Temporada de Huracanes, su descarnada novela que surgió a partir de una nota de prensa roja sobre el hallazgo de un cadáver en un canal de riego, se ha convertido en una de las obras más crudas en términos políticos, estéticos y temáticos sobre un territorio -entre La Matosa y Villagarbosa– habitado por el abandono, el misticismo, la mentira y la impunidad. 

La oralidad está tan presente en su novela que su palabra se vuelve plástica, palpable...

Es una especie de homenaje  a la forma en cómo contamos naturalmente las cosas. Quería que fuera una novela que jugara con diversos tipos de registros y uno de ellos era el oral. Quería que sonara como si te contaran un chisme, así muy largo, con párrafos enormes. También me interesaba el lenguaje de las investigaciones judiciales, de estos legajos escritos a máquina, con esas narraciones que a ratos son muy monótonas y, al mismo tiempo, muy detalladas. Eso me parecía fascinante.

¿Antepone la forma al tópico?

A mí me sorprende mucho cómo se crean las historias: cómo se transforma una historia conforme pasa de una persona a otra, cómo la va escuchando, reproduciendo, alterando, un poco en este juego del teléfono descompuesto. Así se van creando las leyendas, de hecho. Yo quería explorar cómo podría contarse una historia de esta manera, pero igual fue una decisión a la que llegué muy tarde. Lo primero que me pasó fue que escuché las voces de las mujeres del pueblo y empecé a desarrollar los personajes. Cada uno me contaba la historia a su manera y fui tomando nota. Al final no encontraba la forma de contar, porque para mí esa es la decisión de la novela: la obra no es tanto la historia, sino su estructura, la voz…

¿Es decir que no hay mucha conciencia durante la escritura?

En realidad uno nunca sabe por qué hace las cosas. Cuando uno escribe es como si se convirtiera en el doble de uno mismo. Yo entro en una suerte de trance. Solo sé que la novela es un proceso muy largo, donde creo estos personajes, estos conflictos y luego decido cómo los voy a contar. Temporada de Huracanes está hecha de una forma muy vertiginosa, muy densa. Pero la literatura no solo es contar una historia sino hacer sentir cosas al lector, un poco en esta batalla para romper con la pasividad y la frialdad. Tampoco es que la literatura necesite un propósito, pero a mí me gusta escribir un poco para los demás y, como decía Kafka, para romper el mar helado, congelado que tenemos dentro.

Un libro clave para su novela ha sido Las Muertas, de Jorge Ibargüengoitia...

Me parece un libro interesante porque lo que él hace es tomar un caso policiaco de los años sesenta sobre un grupo de mujeres que se dedicaban a explotar sexualmente a otras de su género, algunas de las cuales fueron asesinadas. Lo interesante del caso es la manera en que él lo aborda porque no comete el error en que caía la prensa de la época, que se fue contra las mujeres, las consideraba unas villanas, las demonizaba. En cambio él pone la dimensión humana. Además está todo este juego de tomar un caso verdadero. Lo que yo recojo del caso que leí de la nota roja es solo la superficie. Al final hay un cuerpo degollado en un canal y bueno, yo invente cómo fue a dar ahí. No hubo investigación en el sentido periodístico, pero sí hubo investigación literaria porque finalmente hablo del lugar donde crecí, de lo que yo vi, de las historias que escuché cuando era niña. Todo eso está condensado, estructurado para dar la ilusión de un mundo que existe, quería construirlo desde la imaginación.

La obra también tiene una fuerte carga simbolista

Sí, hay trabajo de los símbolos, pero creo que es algo que viene como después. Uno de mis grandes maestros de escritura ha sido Stephen King y no porque yo escriba precisamente de horror, aunque alguien una vez incluso me dijo que escribo horror político. Lo que decía King es que cuando uno escribe la primera versión de una novela lo que se trata es de averiguar qué es lo que se  quiere contar. Uno escribe una novela, a veces, sin saber qué quiere contar, pero cuando la acaba hay que darse cuenta de qué va y después tratar de dejar ese tono más claro. Y ahí aparece el juego de los símbolos, como estos elementos que se vuelven un segundo lenguaje de la novela.

Sin que se parezcan, hay muchas relaciones de su novela con otras de autores mexicanos como Antonio Ortuño. ¿Lo siente así?

Sí encuentro muchas afinidades. Es complicado,  por ejemplo acá en México siempre que hacen una mesa de violencia nos invitan a mí o Emiliano Monge. Y bueno, yo sí siento una afinidad con él más temática que formal. Él lleva investigaciones distintas a la mía. Con Ortuño me sucede igual. Pero más que hablar de la violencia, lo que encuentro en la obra de Emiliano, Antonio o Yuri Herrera es esta preocupación por hablar del presente. Finalmente la violencia es parte del presente en México.

Creo que todo escritor, al final, no hace sino hablar de su propia época.    

Este año, en Ecuador vivimos por primera vez el asesinato de tres compañeros que trabajaban en un periódico por grupos irregulares en la frontera norte. ¿Cómo han sobrellevado este tipo de situaciones?

Fíjate que en México la gente lo supera bastante bien. Después de que muere un periodista hay una indignación que recorre las redes sociales, pero al final nada cambia. Siento que la gente se ha vuelto fría, insensible. Obviamente no solo con la muerte de periodistas, sino con la desaparición y desplazamiento de cientos de miles de personas. La violencia me preocupa, pero también las reacciones de la sociedad frente a esa violencia. Si en Veracruz se encuentra una fosa con 200 cadáveres, eso ya no espanta a nadie. Alguien escribirá en Twitter “qué lástima”, pero en realidad es parte de la normalidad y eso es lo más aterrador. (O) 

Novela

 temporada de huracanes

La novela fue escrita a partir de una nota de prensa roja que narraba una decapitación.

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