Everardo González, la brutalidad real en el cine

- 26 de mayo de 2018 - 00:00
Everardo González mira al zapatismo (EZLN) como el movimiento más performativo que se ha dado en la historia.
Foto: Carina Acosta / El Telégrafo

El documentalista mexicano conmovió a los espectadores del Festival EDOC con sus obras sobre violencias cotidianas, del crimen organizado y del Estado.

Jorge Luis Borges constató que los novelistas norteamericanos habían hecho de la brutalidad una virtud literaria. Ernest Hemingway es quizá quien empleó de forma más cruda este aspecto de la realidad y el cineasta Everardo González enfoca aquellos temas en el México profundo, en el cual las masculinidades reflejan los problemas sociales a la vez que los explican y desentrañan.

El realizador mexicano fue el invitado de la XVII edición del Festival Encuentros del Otro Cine (EDOC), que le dedicó una retrospectiva luego de más de una década de tener a sus obras en la mira de sus espectadores.

González venía de coproducir y asesorar al equipo del documental No sucumbió a la eternidad, de la periodista Daniela Rea. “Es que el trabajo que yo hago tiene mucho que ver con el periodismo narrativo, la crónica”, dice el director en una mañana muy quiteña, fría.

Se trató de un proyecto contrario al trabajo audiovisual de las organizaciones de Derechos Humanos. No Sucumbió... es la historia de dos mujeres que han sobrevivido a la desaparición forzada de miembros de sus familias, una madre y un esposo, que buscan el olvido como un bálsamo entre activistas que mantienen su lucha.

“Daniela, una cronista que toca estos temas a dario, se atrevió a soltar una premisa distinta, menos política de lo habitual y mucho más humanista”, explica Everardo, para quien el financiamiento, la revisión del material y el acompañamiento en el montaje fueron sus recursos para dar con la “fluidez narrativa” en la que se ha entrenado.

Sus obras: La canción del pulque, Los ladrones viejos, Los cuates de Australia, El cielo abierto, El paso y La libertad del diablo, por nombrar los que se exhibieron en Ecuador.

Durante esta edición del certamen dedicado a los documentales, y en otras anteriores, se ha debatido sobre el rigor que deben tener los cineastas como investigadores, incluso la inmersión en diversos temas que a veces requieren hacer desde el periodismo.

González resume ese trabajo de esta manera: “la estructura de corte mejora y tiene que ver con eliminar cosas que al reportero le parecen relevantes pero que no siempre lo son para las películas”. De todas formas, el cineasta considera que los contextos y cifras, aquellas características noticiosas, están integradas al trabajo de los documentalistas a la hora de centrarse en los brutales dramas retratados.

La libertad del diablo

Este filme sobre las víctimas de la actual guerra que viven algunos estados de México incluye la voz de los victimarios. La decisión de enfocar a estas personas se dio luego de varios diálogos con la organización Mexicanos en Exilio. Ellos asesoraron al equipo de González diciéndole que, como activistas que buscan el refugio y asilo para sus compatriotas en Estados Unidos, querían escuchar lo que “los otros” tenían que decir.

“Por eso valía la pena contar las cosas de esta manera, porque ese otro que se mira como un monstruo probablemente haya sido el muchacho con quien uno jugó fútbol en la secundaria”, dice el director. “Lo monstruoso, construido así desde el imaginario, puede contener a seres humanos que también son vulnerables, frágiles pero que cometen actos atroces”.

Una decisión previa al rodaje de La Libertad... fue “no hurgar en emociones de víctimas que no concebían su testimonio como un acto político”. El narrar la guerra luego de padecerla hace que quienes filman esos relatos se hagan preguntas éticas, sobre la forma en que se organizan, reponen y llegaron a ser activistas. La apología de la violencia, del delito o el mero escándalo están entre las “trampas” que Everardo González esquiva con frecuencia. Hizo preguntas, tuvo curiosidad sobre lo atroz y lo documentó.

Los sicarios, militares y policías aparecen respondiendo preguntas que nadie les había hecho.

Nadie se les había acercado en ese sentido hasta este trabajo, uno en que el director no llevó una lista de temas específicos por abordar sino que mantuvo conversaciones con ellos y cortó la imagen “cada vez que sentía que la secuencia o escena se había contado, por respeto al otro y porque eso dispara el tono de la película, que es lo que se debe cuidar en el cine. Si expongo una emoción o hurgo demás, tenderé hacia el melodrama”.

Hubo pausas. Crisis. Se retomaron los diálogos: cuidar el tono y respetar al otro.


El paso y la censura

Cada 26 horas, un miembro de la prensa es atacado en México y más de la mitad de estos ataques son cometidos por fuerzas del Estado, dirá Everardo González para constatar que las comunidades cerradas, pequeñas son las más afectadas de su país.

“La censura también opera de manera económica, te cierran los espacios... es una forma más sutil que la de hace décadas porque ahora te permiten filmar, decir las cosas pero el poder económico está ahí, invirtiendo o no, en las carteleras y en la televisión”.

El realizador recuerda que las empresas han sido las que últimamente acallan a periodistas, las casas editoriales, los empleadores que “censuraron a gente como Carmen Aristegui, José Gutiérrez Vivó y muchos más. Lo otro son ataques directos, incluso asesinatos a reporteros”.

Hubo silencio. Crisis. Se retomaron los reportajes. Cuidarse de la censura y develar lo que se oculta: “Hay una tendencia a hacer películas llenas de testimonios y eso está descalificado, no me interesa”, dice González, quien usa las entrevistas que hace en fragmentos que se integran a su tono narrativo.

Periodistas, amenazados por el crimen organizado y fuerzas federales, aparecen en un tránsito hacia el asilo en el largometraje El Paso.

“Hay que cuestionarse las razones por las cuales hablamos sobre la violencia, no solo por aquellos cruces éticos sino porque es un error dejar de ser reflexivos y hacer de la violencia un espectáculo. Sin certezas, no vas a saber ni qué protocolos de seguridad seguir y eso sí que es aterrador”, concluye Everardo González. (I)

La libertad del diablo recuerda el ocultamiento de emociones descrito en El laberinto de la soledad (Octavio Paz).La libertad del diablo recuerda el ocultamiento de emociones descrito en El laberinto de la soledad (Octavio Paz).

Retrospectiva
Medios que recomienda
El cineasta mexicano, surgido del periodismo, sigue el trabajo de periodistas independientes como los de El Estronudo (Cuba), Roniceronte (Argentina), Etiqueta Negra (Perú), El Faro (El Salvador), Frontera D (España) y Gatopardo (México).

26 años en el cine tiene Everardo González, 18 de los cuales los ha dedicado al género documental.

Red de periodistas de a pie
Daniela Rea
trabajó con González en el filme No Sucumbió a la eternidad, que dirigió el año pasado. La agremiación, dice el cineasta, es una forma de protegerse en situaciones de riesgo y crimen organizado. (I)

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