Entrevista / maría auxiliadora álvarez / poeta venezolana

"El verdadero poder es la consciencia de lo frágil"

- 18 de julio de 2017 - 00:00
Foto: internet

La autora presentará mañana en Quito sus libros Las nadas y las noches y Piedra en :U:, editados con el sello Candaya.

La poeta venezolana María Auxiliadora Álvarez (Caracas, 1956) reside en Estados Unidos desde hace dos décadas. Salió de un hogar y de un país en el que muchas veces se sintió sin voz, sin autoridad, como un ser excluido de la esfera pública. Álvarez vivía en una estructura de poder en la cual, dice, no tenía ni los derechos humanos más básicos como opinar sobre la educación de sus hijos. En ese estado nacieron sus primeros trabajos. Ahora vive sola en la Universidad de Miami, que queda en Ohio, donde da clases de Literatura.

La autora llegó por segunda vez a Ecuador, a propósito del Festival Internacional de Poesía Ileana Espinel. La semana pasada presentó en Guayaquil sus dos últimos libros, Las nadas y las noches (Editorial Candaya, 2009) y Piedra en :U: (Candaya, 2016). Mañana lo hará en Quito, junto con el poeta Santiago Vizcaíno, en el Centro Cultural Benjamín Carrión.

El primero de estos libros hace un recuento de once publicaciones de la autora, desde Cuerpo, publicado en 1985, a Las regiones del frío, de 2008. En Piedra en :U:, en cambio, la autora se redefine.

En esta revisión de su obra que es la antología Las nadas y las noches, ¿cómo siente que ha evolucionado su voz poética?

Cuando la palabra se volvió acción me cambió el sentir. Cuando tomé el timón con todos los riesgos de mi vida y solté las cadenas, empezó a cambiar mi consciencia de ser sujeto y no objeto de la costumbre social, de la ley patriarcal o federal. Poco a poco fui sintiendo un cierto empoderamiento, una libertad que me dejaba ser parte de mi propia historia y pensar en lo que funciona mejor para mí y mi familia.

En ese cambio de conciencia, ¿también le afectó ver desde fuera lo que ocurre en su país natal?

Claro, pero lo que pasa en Estados Unidos no es menos grave. A veces el discurso de la abundancia es peor que el discurso de la escasez, porque crea una sensación falsa de poder, un trastocamiento de lo que es la vida verdadera. Esa visión te encierra en una cápsula ficticia de bienestar y de progreso. No creo que la sentencia económica sea algo negativo, pienso que, a veces, es mejor sufrir y estar consciente de nuestra fragilidad.

¿Es peor creer que tenemos poder?

Creo que lo que es más humano está más vivo dentro de la consciencia de nuestra precariedad, de nuestra fragilidad. No lo digo a la ligera, no. Lo digo dentro de las dos experiencias (la de vivir en Venezuela y en Estados Unidos).

Lo que veo en América Latina me preocupa, pero lo que veo en Estados Unidos me horroriza.

 ¿Como qué?

Como el racismo en el siglo XXI. Esa es la mayor superficialidad, la mayor frivolidad. Después de todo lo que ha sufrido la humanidad –las guerras mundiales, las guerras nucleares–, mantener la misma estructura mental, sin que hayan existido cambios, me parece, que raya en la patología. ¿Cómo es posible que solamente puedas ver lo superficial, lo que está a la vista? ¿Cómo es posible que eso te dé la definición moral del mundo? Aquello me parece tan escaso, tan corto, tan insuficiente. Esa sensación que ellos tienen de ser tan importantes se crea desde niños, desde la escuela. Los educan diciéndoles que son los mejores y así crecen, con el aplauso de todos.

Y también insisten en el discurso de make America great again

Eso se me parece a las peores épocas del nazismo. Es un retroceso a lo más primitivo de la mente humana.

¿Demuestra que el poder se sigue formando de la misma manera?

Demuestra que es un factor escatológico que va corroyendo lo que te hubiese salvado. Ese discurso me parece muchísimo más grave que nuestra lucha de cada día por resolver la pobreza.

En ese entorno en el que vive, ¿qué tan frágil es la poesía y qué tan frágil se siente usted?

La poesía es justamente el lado contrario al poder. Hay que comprender que también hay poesía que también busca el beneficio del poder. Toda expresión humana está construida y alimentada por mil razones. Si tu poesía no la usas como instrumento de beneficio para el exterior, para el conocimiento de la naturaleza humana, pasa de ser un dibujo de la fragilidad a ser un dibujo de la consciencia y la consciencia no es frágil ni poderosa. El verdadero poder es la consciencia de la precariedad. Y hay poesía que está situada en ese camino, en la consciencia de nuestra condición humana limitada. (I)

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