El General Alfaro y sus asesinos, La aventura amorosa y sus personajes

13 de mayo de 2012 - 00:00

El asesinato del general Eloy Alfaro (Editorial El Conejo, Quito 2012), de Olmedo Alfaro, parecería a simple vista un libro inútil por extemporáneo, una especie de noticia venida de París en burro, una parte a pata y otra, mayor, nadando.  

Y no hay tal, pues este volumen, escrito por su hijo Olmedo dos meses después de su asesinato y el de otros mártires liberales, trae tal cantidad de documentos, telegramas, comentarios, pronunciamientos oficiales y más datos minuciosos de la época, que evidencia (conmovedoramente) la trama sangrienta de la derecha para organizar el asesinato y la hoguera bárbara del 28 de enero de 1912.

Irene Márquez de la Plata Avilés, tataranieta de Eloy Alfaro y propietaria de los originales a los que nos hemos referido, escribe el prólogo del volumen y destaca que Olmedo Alfaro "acusa directamente, como responsables del asesinato (…), en primer lugar, al general Leonidas Plaza Gutiérrez, en segundo lugar al doctor Carlos Freile Zaldumbide, en tercer lugar a los ministros Octavio Díaz, Juan Francisco Navarro, Carlos R. Tobar y demás colegas".  

Destaca, así mismo, que libros como La hoguera bárbara, de Alfredo Pareja, y Eloy Alfaro y sus victimarios, de José Peralta, se editaron en Panamá, pero los ejemplares traídos al país fueron quemados por las autoridades conservadoras, lográndose así que no hubiese castigo para los culpables sino "tan solo una silente impunidad".             

De ahí que las 188 páginas de este libro sean tan significativas para resaltar la inmensa figura de uno de los pocos héroes de un país lleno de heroínas en el que cuatro mil soldados que pelearon en las escaramuzas del Cenepa reclaman que se les dé el estatus de héroes, tamaña ridiculez, admisible solo en un país tan poco heroico como el nuestro.

El asesinato de Alfaro, aunque sea 100 años después (más vale tarde que nunca) debe ser conocido en toda su cruel ruindad, y ese es el valor y la vigencia de este texto que marca indeleblemente a los culpables y a los mártires.

Pasando aparentemente de coles a nabos, pero sabiendo que tanto en el amor como en la guerra todo se vale, me toca hablar ahora de La aventura amorosa y sus personajes, libro también de El Conejo (Quito 2011), en el que Abdón Ubidia, acertando sabiamente en el tono ligero y juguetón (pero nada superficial), aborda el tema del rubro.             

El resultado es un verdadero deleite, desde la afirmación de que "la aventura amorosa, aquella que de entrada tiene que acabar pronto, une lo profundo con lo superficial", que el "amor-conyugal" (con yugo) suele sobrevivir con la ayuda de alguna aventura amorosa (real o imaginaria), hasta remarcar la interrelación entre la duración de lo establecido (el matrimonio, la familia) y lo fugaz de lo prohibido, es decir de la aventura amorosa.

Esta parte se desarrolla en la sección A del volumen, y tras el ítem "Sexo y aventura amorosa", pasa a tratar, en la sección B, sobre los personajes de la aventura amorosa, esto es respecto a aquellos que cumplen papeles en el contexto general, como el amante, el amado, el confidente, el rival. el engañado, el alcahuete, etcétera.

De yapa: En El espadachín Zavala, novela de época de Luis Moscoso Vega, un cura peninsular dice, muy quitado de la pena: "Los españoles no hemos venido a diezmar ni a acanallar a estas gentes sino a civilizarlas y ennoblecerlas".

Esto, que es tan parecido a lo que podría expresar un embajador de EE.UU. sobre Iberoamérica en nuestros días, nos produce la sensación de que el tiempo no ha pasado, de que la colonia subsiste.

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