Claude Lanzmann, el cineasta que puso voz al Holocausto

- 06 de julio de 2018 - 00:00
Comenzó una relación con Simone de Beauvoir que se prolongó siete años, hasta 1959, pero fueron amigos hasta la muerte de ella, en 1986.
AFP

Tuvo una intensa carrera como escritor, periodista, cineasta y filósofo, pero si algo quedará en el recuerdo sobre Claude Lanzmann es haber puesto voz al Holocausto a través de su monumental, exhaustivo y desgarrador documental Shoa.

Casi 12 años de trabajo que se resumieron en más de nueve horas de metraje en un documental que se estrenó en la Berlinale de 1986 y que se ha convertido en el testimonio más apabullante de las víctimas del nazismo.

Fallecido ayer a los 92 años, este francés era no solo la memoria fílmica, sino también la memoria viva del combate contra el nazismo y la monstruosidad del Holocausto. Una película “sobre la radicalidad de la muerte y del exterminio”, dijo Lanzmann.

“Al hacerla, no me interesé por los campos de concentración, sino por los de exterminio, donde no se planteaba la supervivencia. Tuve que construir la película a partir de la nada porque no hay huellas de aquello; el exterminio era eso: un gran secreto”, explicó.

Lanzmann decidió no utilizar imágenes de archivo y centrarse en las voces de los que vivieron el Holocausto y en los lugares que se desarrollaron los hechos.

Nacido el 27 de noviembre de 1925 en Bois-Colombes, en la región parisina, era hijo de emigrantes judíos de la Europa del Este y fue miembro de la resistencia en la Francia ocupada por los nazis, en las filas de las Juventudes Comunistas.

Tras estudiar literatura y filosofía, se volcó primero en la docencia y el periodismo, y posteriormente en el cine.

Dedicó toda su vida a la creación artística. En 1952 entró como colaborador en la revista Les temps modernes, fundada por la pareja de filósofos Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir.

“Con Sartre y Beauvoir aprendí el mundo. Ellos me enseñaron a pensar. No eran gente solemne; hablábamos de cualquier tema, incluso de nuestra vida privada. Sartre era muy inteligente y, sobre todo, muy generoso. En las reuniones de Les temps modernes existía un calor comunicativo intenso, se salía de ellas con una gran sensación de plenitud”, aseguró Lanzmann. (I)

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