Andrea Z. Rojas y Kasumi Iwama abordan el territorio y el cuerpo

- 02 de julio de 2018 - 00:00
Izquierda: Andrea Z. Rojas (Quito, 1984) es artista visual, performer y activista feminista. Tiene una licenciatura en Artes Visuales por la Universidad de Guadalajara y una maestría en Ciencias Sociales por la Flacso. Kasumi Iwama (Japón, 1989) es artista visual y activista. Posee un BFA en Artes Visuales por la School of Visual Arts de Nueva York. Reflexiona sobre temas como el feminismo y la globalización.
Fotos: Carina Acosta / et

Las artistas presentan las muestras La mesa está servida y Si fuera china ya lo supiera, respectivamente, en el espacio expositivo No Lugar, ubicado en La Tola. Ambas trabajan sobre la idea de la ocupación y el abuso.

La mesa está servida es una muestra en que la artista Andrea Z. Rojas reflexiona sobre temas vinculados al despojo, invasión y explotación petrolera en la Amazonía ecuatoriana, a su vez que plantea una mirada crítica al modelo desarrollista y neocolonial que se impuso con fuerza en los últimos 10 años. 

La artista presenta obras elaboradas entre 2016 y 2017 en varios formatos, mayormente en pintura,  y son el resultado de sus visitas a sectores como Cuyabeno, Yasuní y Loracachi, ya sea sola o acompañada de investigadoras, como la mexicana Tania Cruz u organizaciones sociales como Acción Ecológica. También, uno de los libros claves que la acompañó durante este proceso fue La selva de los elefantes blancos, de Japhy Wilson y Manuel Bayón.

Andrea trabaja con materiales decorativos, como la bambalina, la brillantina y las lentejuelas, para proyectar la artificialidad de los megaproyectos de explotación de recursos naturales o de las escuelas del milenio que han sido desatendidas.

El uso de estos materiales es una forma de representar la fantasía, la ilusión detrás de estas obras que saquean territorios y violentan a su gente. “Muchos de estos megaproyectos han sido subutilizados o no estaban adecuados al contexto social ni ecológico de donde fueron instalados”, reflexiona Andrea durante un recorrido guiado por su obra, a la vez que muestra un mapa geofísico de Ecuador sobre el cual ha identificado con elefantes blancos brillosos los puntos donde están construidos estos proyectos.

En una pintura realizada sobre MDF, la artista pintó una colorida selva y con un taladro le retiró pedazos al cuadro, dejándolo fragmentado, incompleto, como símbolo del despojo que se vive en la Amazonía.

En otra pintura se observan elefantes blancos que caen del cielo en paracaídas coloridos sobre la selva ecuatoriana. “Esta es una representación del circo, de la sociedad, del espectáculo que significan estas obras. El territorio nacional se convierte en un lugar de observación, saqueo y control”, comenta Andrea, quien además de artista visual es performer y activista feminista.

En otra pieza de la exposición se aprecia una selva poblada por múltiples miradas que dan cuenta de la diversidad que habita en esas zonas, y la ausencia de jerarquías entre los seres vivos. Una fotografía en la que se observa un letrero de la minera Ecuacorriente revela la agreste intervención humana en el paisaje natural y el sentido de servidumbre que caracteriza a este tipo de empresas.

En el cuadro titulado “La masa de los elefantes blancos está servida” se expone un país, Ecuador, que literalmente se lo puede comer. “Esta mesa es un Estado que ha puesto a disposición de las transnacionales y de sus propios proyectos de desarrollo y modernidad los recursos naturales a cambio de dinero”.

Como activista Andrea (Quito, 1984) ha estado cercana al feminismo desde los 20 años y ahora forma parte de los colectivos Revista Feminista Flor del Guanto y Mujeres de Frente.

Una reflexión sobre el acoso

La mesa está servida se exhibe en el espacio expositivo No Lugar, ubicado en La Tola, junto con otra muestra de la artista japonesa Kasumi Iwama (1989), titulada Si fuera china ya lo supiera.

La primera vez que Kasumi Iwama vino a Ecuador fue en 2016 para realizar una residencia en No Lugar. El resultado de esa estadía devino en una escultura hecha con las orejas que se habían desprendido de las tazas, como un gesto de reutilizar materiales que suelen ser desechados.

Kasumi quiso hacer una obra que refleje su experiencia en Quito, donde vive hace un año, y uno de los temas que más le ha afectado es el acoso callejero y la violencia de género, tan cotidianos como naturalizados.

En Si fuera china ya lo supiera la artista presenta una serie de fotos en la que aparece en las calles de Quito con frases escritas sobre su cuerpo. “China”, “Hola, niña”, “Konnichiwa” o “Nihao” son algunas de las palabras que le han dicho públicamente y que Kasumi las transcribe en su piel con tinta negra.

“Aquí estoy más consciente de mi presencia, de mi cuerpo, porque soy extranjera y cada vez que me dicen cosas como  ‘china’ es un recordatorio de cómo me ven. También si me dicen japonesa no me gusta, porque eso es reducir la identidad en un Estado, y yo no soy representante de Japón ni de China ni de ningún lugar. No decidí ser japonesa, he nacido por casualidad ahí”, dice la artista, quien es activista feminista.

Su obra se complementa con un video en formato paródico y pedagógico sobre la violencia de género, en el que surge la imagen “El futuro es feminista”. También hay un mapa de Quito sobre el cual los visitantes pueden señalar con una pegatina roja dónde han sido acosados.

Recorrido

→ Trabajos anteriores. Iwama ha exhibido en Nueva York,  Tokio, Barcelona y Quito. Su última participación fue en la muestra The Dangerous Professors en Flatland Gallery, en Houston, donde presentó una pieza realizada en colaboración con Rubén Díaz.

→ 11 de julio es la fecha hasta la que permanecerá abierta esta exposición colectiva. 

→ Activismo y arte. La obra de Rojas se ha dado a conocer en varias exposiciones individuales y colectivas en México y Ecuador, en donde también ha sido parte de colectivos y organizaciones feministas y ecologistas. (I)

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