La alegría inolvidable de un niño cuando anota su primer gol

25 de mayo de 2019 00:00

Allá por el último trimestre de 2009 se disputaban los últimos partidos de la primera etapa de un campeonato de indor, categoría sub-10, que se jugaba en una de las calles de la parroquia Gral. Pedro J. Montero, de Yaguachi.

Era el domingo 11 de octubre y ese día, el equipo juvenil del Arsenal se enfrentaba a uno de los punteros del torneo, el Atlético Samborondón. En estas categorías, uno ve en el rostro de los niños mucha alegría y ganas para jugar.

Pero había uno que lo envolvía la ansiedad y el nerviosismo: Jefferson Gualpa, con apenas siete años.
Me contaba Fausto, padre del niño, que su hijo no durmió en casi toda la noche. “No te miento Gabriel, mi chamaco a cada rato se levantaba, iba al cuarto y me preguntaba: papi, ¿ya amaneció?, papi, ¿ya amaneció? no sabía cómo ya estar acá en la cancha con el uniforme puesto”.

Pero, ¿por qué tanta ansiedad? Era el primer partido que Jefferson iba a jugar a su corta edad. Era en su pueblo, ante sus padres, familiares y amigos.

Cuenta Fausto que cerca de las 07:00 de aquel domingo 11 de octubre, Jefferson ya estaba despierto y con su uniforme listo para ir a la cancha y eso que el partido se lo programó para las 15:00.
La fecha de ese día inició a las 12:00. Más tarde, cerca de las 15:00, los chicos del Arsenal ya estaban listos para el juego.

Entre los seis titulares no estaba Jefferson. Había que esperar la oportunidad desde la banca. Su padre, siempre a su lado, lo aconsejaba previo al debut, que llegó en los últimos siete minutos del segundo tiempo del partido, cuando el marcador iba 7 a 0, en contra del Arsenal. Los nervios y la ansiedad de Jefferson desaparecieron por el minuto 12, cuando tomó el balón cerca del área rival y con la marca del defensa, hizo un lindo disparo a ras de piso que venció al arquero de Samborondón. Lo gritó con toda su alma, como si fuera el gol del campeonato mundial.

Y ¿ con quién lo celebró? pues, con su papá. Ambos gritaron, corrieron y se juntaron en un solo abrazo, porque era el primer gol de un niño que soñaba en grande. (I)

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