A 20 metros de Radiohead, la banda sonora de mi vida

- 14 de mayo de 2018 - 00:00

Trece definiciones tiene la palabra música en el diccionario de la Real Academia Española (RAE). “Arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente”, reza al séptima.

Subrayo la frase “conmoviendo la sensibilidad”. Porque es cierto. La música agita el espíritu, la mente, el alma. Es la chispa que enciende el cuerpo. Yo la vivo así.

Con esas breves líneas busco retratar la forma cómo me ha marcado la música, especialmente el rock and roll. Crecí rodeada por sonidos de los años 60’, cuando la invasión británica liderada por The Beatles se apoderó de Estados Unidos transformando a la industria y al mundo.

Al ir descubriendo la evolución de ese género a lo largo del siglo pasado encontré en 1990 al grunge y al rock alternativo. De esos subgéneros provienen las dos agrupaciones con las que más me identifico (o como dirían, mis grupos favoritos): Pearl Jam y Radiohead.

Sobre el primero puedo pasar horas hablando. Es un quinteto de Seatle (Estados Unidos) y, junto a Nirvana, es considerada una de las bandas que dieron origen al grunge.

Pero este corto texto es sobre los segundos y la experiencia de verlos en vivo en el concierto que ofrecieron en Bogotá (Colombia) el miércoles 25 de abril.

Radiohead apareció en 1985 en Inglaterra. La conforman cinco músicos virtuosos y multiintrumentalistas:  Thom Yorke (voz, guitarra, piano), Jonny Greenwood (guitarra solista, teclados, otros instrumentos), Ed O'Brien (guitarra, segunda voz), Colin Greenwood (bajo, teclados) y Phil Selway (batería, percusión).

Los escuché por primera vez en 1995 por su canción más popular: Creep. Yo tenía apenas 9 años de edad, quedé cautivada de inmediato y desde entonces he seguido de cerca a las nueve producciones que tienen a su haber.

Aquella fue la época dorada de MTV. Extrañamente en Ecuador la señal era abierta, no hacía falta tener televisión por cable. Esa fue mi escuela. La programación era 100% sobre música, nada que ver con lo que hoy transmiten (puro reality show).

Viajé sola a Bogotá. Era la primera vez que el grupo ofrecía un concierto en ese país. Venían de Lima (Perú) y pasaron de largo por Ecuador. No podía desperdiciar la oportunidad de verlos en vivo, porque siendo sinceros las posibilidades de que vengan a Quito son casi nulas (espero esquivocarme).

El festival Soundsheart se desarrolló en el parque Simón Bolívar. Ahí la música se hizo verbo. Radiohead apareció en escena a las 21:30 con un repertorio que duró dos horas. Tiempo que para mí significó rememorar varios momentos, unos buenos y otros no tanto, pues sus canciones han estado presentes y constituyen parte de la banda sonora de mi vida.

Tuve la fortuna de estar a no más de 20 metros de distancia. La sensación me resulta todavía indescriptible. No se trata de "adorar" a los miembros de una agrupación, sino al arte que crean a través de siete notas musicales.

Al cabo de la primera media hora de concierto empezó a caer una lluvia que no paró por el resto de la noche. Lejos de amilanar los ánimos el clima solo inyectó más energía.

Cinco mil almas estábamos en la zona más cercana al escenario. Apretados, de pie durante horas, pero nada de eso importó.

Siendo niña jamás imaginé presenciar uno de sus recitales y cantar junto a ellos (con un inglés bastante maltrecho). Tuvieron que pasar más de 20 años para conseguirlo y sin duda es una de las experiencias más intensas que he tenido hasta ahora. (O)

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