De lo transitorio al odio

- 24 de julio de 2018 - 00:00

Los transitorios y los encargados han montado un aparato de persecución y odio al expresidente Rafael Correa. Julio César Trujillo, que no ha ocultado su animadversión, más bien hace alarde del desprecio que le suscita el mismo Rafael Correa, es la cabeza desde donde parte todo este miserable entramado. Trujillo ya dijo sentirse por encima de la Constitución y hará lo que le venga en gana. Ese Consejo Transitorio de Participación Ciudadana nombró un Consejo de la Judicatura transitorio que ha entrado a evaluar a jueces y otros funcionarios del sistema judicial. Los jueces, las juezas, andan por la sombrita, haciendo méritos en el afán de sortear la “oportuna” evaluación.

El fiscal, también encargado, escogido por el propio Trujillo ante el que juró cumplir con las funciones que emanan de la Constitución de la República.  “Si así lo hace, la Patria le va a agradecer y nosotros, los del Consejo transitorio, vamos a estar muy contentos de haber designado a una persona que por sus méritos merecía este delicado cargo. Caso contrario, le vamos a demandar, y nosotros los del Consejo sí somos exigentes”, así con este tono como de cachondeo, como de propietario de la administración de justicia, encima de todo, del propio Consejo de la Judicatura, de la Ley, de la Constitución, el Fiscal queda sometido a una persona que desvela todos su prejuicios, sus odios y anticipa lo que las autoridades deben hacer, porque con esta capacidad discrecional el mismo Fiscal encargado y todos los demás pueden ser cesados en cualquier momento si no cumplen lo que se les pide.

Una jueza que depende del Consejo de la Judicatura transitorio, que ahora los evalúa, eleva una consulta a la Asamblea, el poder Legislativo, para saber si puede procesar al expresidente Correa. La Asamblea debía con una mayoría de dos terceras partes, conforme al artículo 120 de la norma constitucional, autorizar el enjuiciamiento. Con una maniobra política, en la que la presidenta de la Asamblea tiene mucho que ver y alejada de la ley, mediante mayoría simple, se abstienen de cualquier pronunciamiento, allanando, hipócritamente, el camino al enjuiciamiento. Todo el montaje funciona, a vista y paciencia de la sociedad ecuatoriana que, al menos una parte de ella, prefiere hacerse de la vista gorda y alcahuetear tanta miseria. Es el odio a Correa que sigue ocupando, morbosamente, parte de la escena nacional. Los medios callan y callarán, porque Correa los encaró y muchas veces les corrió las máscaras y apareció el rostro en carne viva, con el insolente, delirante relato inclinado al negocio y la acumulación económica. Fue un ejercicio costoso, audaz, herético. A los medios no se toca porque detrás de ellos se anidan los poderes reales que siempre se dan modos, en esta idea de democracia, para quedar intactos. (O)   

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