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El Telégrafo
Salvador Izquierdo

Siempre todavía de Iván Carvajal

22 de julio de 2022 - 07:21

El título del nuevo libro de Iván Carvajal (Pre-Textos, 2022) es tomado de un proverbio del poeta español Antonio Machado. Esto me produce una inquietud porque, hasta ahora, no había asociado al autor de Soledades y Galerías, el poeta popular de cantares (transferidos a música todavía más popular por Joan Manuel Serrat), con nuestro poeta de origen carchense, docente universitario, ensayista, un hombre cabal de los Andes. Mirándolo bien Carvajal ha tomado la frase de Nuevas Canciones (1924), el libro con el que Machado volvió a publicar después de doce años. El regreso de Carvajal, que no había publicado un volumen entero de poesía desde 2004, es, asimismo, triunfal.

La frase “Hoy es siempre todavía” aparece en el número VIII de la sección “Proverbios y Cantares” y luego, nuevamente, en el número XXXIX cuando se menciona a un doctor, del anterior proverbio a ése, que se engañaba sobre el tiempo y el olvido. Tiene que ver con estirar el momento presente, por lo tanto, con una forma de temporalidad no lineal sino expansiva (¿la incapacidad de superar el pasado?) (¿la simultaneidad de las experiencias?) (¿la temporalidad andina del “me voy a volver”?); y con la posteridad, que es una forma de permanecer en la memoria. La sección está dedicada a José María Ortega y Gasset (a quien sí asocio con Carvajal, curiosamente); y en una reseña escrita por Rafael Cansinos Assens se dice algo aún más revelador: se describe a Machado como “el poeta que siempre tuvo horror a la retórica”. ¡Ajá! Ahora sí identifico a Carvajal plenamente con Machado y cómo lo actualiza en este nuevo libro, desprovisto de retórica, desnudo; no necesariamente con la sencillez y aspectos bucólicos del gran Machado pero sí con algo que este poeta nacido en Sevilla alguna vez escribió para definir a su propia estética: “una honda palpitación del espíritu; lo que pone el alma, si es que algo pone, o lo que se dice, si es que algo dice, con voz propia, en respuesta al contacto del mundo”.

El nuevo libro de Carvajal está organizado en ocho secciones. La primera, “Jacarandas”, corresponde a una pequeña publicación ilustrada, una parte de la cual el poeta ya había lanzado en 2018. Tiene un aire de mitología americana y una parte de trovador whitmanesco (“si miras y palpas con la pulpa de tus dedos/ sobre el polvo/ no intentes la fuga/ no busques en vano…”). La penúltima sección “Mar en la caracola”, en cambio, corresponde a un inmersivo viaje a la infancia del autor. Otra de las secciones: “Rembrandt en Jodenbreestraat, Ámsterdam”, recupera tres obras del maestro holandés, intercalándolas con pequeños ensueños acerca de la relación entre el pintor y el filósofo Baruch Spinoza, entonces un niño del mismo barrio. Al centro del volumen está la sección que también lleva el estribillo de Machado: “Siempre todavía”. Me voy a concentrar sobre los diecinueve poemas contenidos en esta sección, pues, considero que son el punto más destacado de este libro formidable.

“Siempre todavía” puede ser entendido como una crónica de viaje. El primer poema menciona a un “hombre que parte”. Ese mismo hombre, quizás, aparece en el siguiente poema abordo de un avión “A 11.000 metros de altura”, recibiendo las típicas instrucciones de seguridad para los vuelos. Hacia el final de la sección se lo percibe deslumbrado y espantado, por igual, en las calles de la ciudad de Nueva York, anticipando otro viaje, en bus esta vez, hacia el oeste de los Estados Unidos. En otro momento se lo ve descendiendo a caballo las montañas de los Andes: “prosiguiendo la huella del chaquiñán en la canguagua”. Estas recurrencias, que juegan con el tiempo y el espacio, dan la impresión de que el viajero siempre, todavía sigue en el avión, siempre, todavía está llegando a destinos, siempre, todavía vuelve sobre fotografías (en su cartera, en un álbum de familia o en un periódico) que, a su vez, lo remiten a otros viajes.

Desde otra perspectiva, “Siempre todavía” puede ser entendido como la alucinación que este hombre viajero sostiene mientras sobrevuela un conjunto de islas a las que mira desde el avión. En el quinto poema imagina a un padre sobre una playa, “empuja al hijo hacia la arena” empeñosamente pero también medio ausente de su responsabilidad paternal. A partir de esa conexión, empieza a trazarse la fábula de una familia precaria. O bien aparecen la madre y el hijo “adormecidos”, transitando entre dunas y estaciones de tren. O bien el padre reencontrándose tardíamente con sus pertenencias, enfrentando a su hijo. O bien el recuerdo de la madre tendiendo geranios.

“Siempre todavía” también opera como anunciaciones de la muerte. El avión en el que viaja el hombre, por ejemplo, podría accidentarse en cualquier momento (o quizás ya lo hizo). Los personajes imaginados en la playa podrían encontrarse con los restos de un crimen (“una vieja bota que se pudre en el fango/ huérfana del pie que se hundió”) o bien cadáveres (“hacia la podredumbre hacia los mangles”). El espectro de Yorick (“quien (no) hurga en cuclillas”), el bufón que Hamlet reconoce a través de su calavera, en el décimo sexto poema, también alude a esto. La muerte está presente en escenas de descomposición, de hambre, en la oquedad del aire y los paisajes. Hasta el punto final (poema 19) que se refiere, quizás, al acto sexual entre amantes (“el jadeo al final del amanecer”).

La presencia de lo sensual es otra opción, todavía, para internarse en la sección. En el primer poema, por ejemplo, una mujer inclinada lucha con su falda en una ráfaga de viento (“ese inútil intento de mutarse en pájaro”) y el hombre que está por partir la observa con deseo. Cosa que se repite en el poema ocho (“una mujer tendida sobre la hierba al sol”) y en otras partes.

Pero cerramos esta breve reseña volviendo a Machado. Carvajal, en efecto, amplifica una faceta de la poesía del español: la contundencia, el contacto más directo con el lenguaje, pasando por alto herramientas y técnicas de persuasión o disuasión. Es el arribo de lo real en un libro de poesía. Carvajal lo logra mediante combinaciones de sustantivos sin pausas, con aliteraciones insospechadas y versos cortos, equilibrados, que deben ser leídos en voz alta. Lo real, aprendo en este libro, se transmite apenas el lector conecta, por su propia cuenta y con atención, el sentido animado de lo leído; mientras se escucha a sí mismo en la cabeza de otro.

Iván Carvajal es una de nuestras principales voces literarias. Ha publicado uno de sus mejores libros este año, en España. Está por cumplir 74 años. Le debemos mucho.

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