De Sarajevo a Caracas

- 07 de febrero de 2019 - 00:00

Cuando, a la distancia, miramos los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial nos encontramos con la frase de Christopher Clark, en el premonitorio libro Sonámbulos: “La contienda no pasó de ser la culminación de un conflicto de familia”.

Así lo señala Xavier Casals: “El zar Nicolás II, el káiser Guillermo II y Jorge V de Inglaterra eran primos. Asimismo, el káiser y el zar eran tataranietos del zar Pablo I. A la vez, el káiser, el rey de Inglaterra y la esposa del zar, Alejandra de Hesse-Darmstadt, eran nietos de la reina Victoria. En España, Alfonso XIII estaba casado también con una nieta de esta, y su madre estaba emparentada con el emperador de Austria”.

Después llegó el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, en medio de los nacionalismos. La situación se caldeó y vino la exclamación del káiser Guillermo II en alusión al zar y al rey de Inglaterra: “¿Pude haber soñado que Nicolás y Georgie me engañarían? ¡Si mi abuela viviera, jamás habría permitido esto!”.

¿Qué podemos decir de la guerra de Irak o de Libia? Mientras la CNN, en el primer caso, transmitía en vivo un conflicto con “daños colaterales”, en decir miles de víctimas que jamás salieron en los noticieros. ¿Qué podemos mencionar del desangre en Siria o Yemen? Hay un elemento común: petróleo. ¿Cómo escribirán con objetividad los historiadores del futuro lo que ahora acontece en Venezuela?

Lamentablemente, como nos recuerda Walter Benjamin, en su Tesis de Historia, traducida por Bolívar Echeverría, existen historiadores que tienen empatía con el vencedor. “Todos aquellos que se hicieron con la victoria hasta nuestros días marchan en el cortejo triunfal de los dominadores de hoy, que avanza por encima de aquellos que hoy yacen en el suelo”, junto con el botín de guerra, añadió.

Albert Camus lo dijo: “La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas”. Hay vientos de guerra en estos días y hay muchos que alientan con gasolina, de lado y lado, mientras unos pocos miran desde lejos haciendo cuentas. (O)

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