Prometeo, cinco vueltas de tuerca

- 30 de mayo de 2019 - 00:00

Uno. En el mito clásico, Prometeo se alía con Zeus en contra de Cronos. El nuevo dios urde una treta para quedarse con los sacrificios del toro, pero Prometeo lo engaña sutilmente. Encolerizado, niega el fuego a los mortales. Prometeo, con la ayuda de Atenea, entra sigilosamente al Olimpo y hurta el elemento del carro de fuego del Sol.

Al enterarse de que Prometeo ha entregado el fuego a los humanos, Zeus lo castiga amarrándolo a un pilar en las montañas caucásicas donde un buitre devora todo el día su hígado, que vuelve a crecer por las noches, refiere Robert Graves (Ariel).

Dos. Franz Kafka, en 130 palabras (Fontana), deconstruye este mito en cuatro versiones. 1) El relato del encadenamiento y del ave de rapiña; 2) Prometeo aguijoneado se hunde en la roca hasta fundirse; 3) La traición fue olvidada, los dioses la olvidaron, él mismo la olvidó; 4) “Se cansaron de esta historia insensata. Se cansaron los dioses, se cansaron las águilas, la herida se cerró de cansancio. Quedó el inexplicable peñasco”.

Tres. Con este ardid literario, el filósofo Byung-Chul Han ha escrito el libro La sociedad del cansancio (Herder Editorial), donde afirma que el mito de Prometeo es “una escena del aparato psíquico del sujeto de rendimiento contemporáneo, que se violenta a sí mismo, que está en guerra consigo mismo”.

El ego -transformado en un supuesto “éxito” en la vida y por eso una suerte de estar encadenado- es el que devora a estos zombis en que se han convertido los humanos que se creen que viven en libertad. El dolor del hígado, que en sí es indoloro, es el cansancio. Propone ante esto la filosofía como resistencia y la contemplación como un camino (él mismo cultiva su propio jardín).

Cuatro. Han se olvida de la continuación del mito. Prometeo advirtió a su hermano Epimeteo de casarse con Pandora, creada insensata, traviesa, perezosa y bella. Esta liberó la jarra donde estaban todos los males -Vejez, Fatiga, Enfermedad, Demencia, Vicio, Pasión- incluida a la engañosa Esperanza, quien “los disuadió de cometer un suicidio colectivo”.

Cinco. Esquilo en Prometeo encadenado escribió: “Es mejor morir de una vez que sufrir miserablemente todos los días”. (O)