Política: un balazo a la razón

- 07 de septiembre de 2020 - 00:00

¿Nos afecta la política y su respectiva coyuntura? De los 16 binomios que quieren alcanzar el poder, ¿qué decimos los ecuatorianos? ¿nos inmutamos? Acá quiero delatar lo que éstos sujetos que quieren llegar a la presidencia piensan de aquél significante tan prostituido por populistas llamado “pueblo”. Es sencillo, nos consideran unos idiotas y probablemente, sí… es lo que somos. Que ¿cómo me atrevo a decir algo así en el Diario con mayor prestigio histórico en el Ecuador? Me remito a lo consuetudinario de nuestra política y leyes; a nuestra corrupción endémica, a nuestro acéfalo diario vivir y por lo que permitimos que nos hagan. A todo esto, la política que tenemos: nos representa en lo que somos.

Yo no suscribo a lo que se dice como “pueblo”.- la tan amañada palabra mágica para convencer a quienes no tienen idea de que quien tienen enfrente mirando al infinito en el stencil, no sabe cuánto cuesta un litro de leche o le vaya a arrebatar entre otras cosas, derechos, libertades, seguridad o toda esperanza.

Por un lado, se encuentran aquellos que sin ninguna vergüenza, ni pena, pero sí con las ganas tercas de gloria, necesitan el poder como si fueran cualquier junkie de la calle consumiendo la droga más barata.

También están los que les huelen los pasos, porque obvio esperan recibir una parte del premio gordo.

En la calle también hay animales carroñeros.

En otro registro estamos los ciudadanos, unos más o menos, interesados en el futuro que se vendría si la presidencia la gana tal o cual, pensando en que creemos en la mentira denominada democracia participativa. Ya por ahí debemos pensar seriamente en reformar la ley que dice que es obligación votar. (O)

Pero también están los hinchas, los que defienden tanto un bando como el otro, encantados con el embellecimiento del retoque discursivo que satisface, pero solo en el campo de la fantasía, las necesidades sociales.

De una u otra forma, este desastre multicolor nos lleva a tomar posturas y a descerebrarnos como en el fútbol, por gente, inescrupulosa cabe decir, cuyo ideal es tener el poder. Ni para qué nombrarles. No hacen gracia.

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