La neoliberalización del Estado

- 04 de julio de 2018 - 00:00

Es un proceso en marcha, más allá, de consignas o discursos ligeros que hablan sobre la importancia de la persona, de la familia, de “reconciliarse”. Un Estado neoliberal produce un estado donde esos valores sufren una hiperinflación moral, que sirve de base para que esas mismas personas, familias, busquen cómo “salir adelante”, “sean emprendedores” y por tanto: ¿Para qué el Estado?

Esa es la trampa fácil, hacer culto del individuo, de las familias individuales, a costa de vulnerar la ciudadanía. Otra trampa fácil es aquella de magnificar la propiedad privada individual, que a su vez tenga como respaldo un aparato judicial por encima de todo y de todxs.

El famoso “imperio de la ley”, la igualdad en derecho, aunque en la realidad se mueran cientos y miles. “La ley es la ley”: sacrosanto misterio divino, que está en su raíz encubrir el mal moral del libre mercado. Menos burocracia, menos burócratas, contracción de la esfera pública a través de implementar los modelos de gestión empresarial a las instituciones del Estado.

Y por supuesto a menor Estado: ¿para qué cobrar “tantos impuestos”? ¿Para qué tanto presupuesto para el gasto social? Si, al fin y al cabo, los “mejores” deben sobresalir por sus “cualidades naturales”. Un darwinismo social refinado. ¿Para que una seguridad social pública? Si bien podría ser administrada y multiplicada en su riqueza por prestadores privados. ¿Para qué salvaguardias? Si de una vez por todas los productores nacionales -miles de pequeños y medianos- lo logran o mueren en el intento. ¿Y la naturaleza? Bien está hablar de la Amazonía y su cuenca, aunque no se entienda la dimensión ecosistémica de la biodiversidad.

Al fin y al cabo, esos “otros” que viven y habitan son considerados ese “folclor” que hace rica a la nación. Libre movilidad de todo: capitales y mercancías, pero no de seres humanos: estos frente al capital son “ilegales” son esos “extranjeros” que quitan puestos de trabajo y “peligrosos”. Más importante para el Estado en transición son ratificar los TBI, rogar tratados de libre comercio y, por qué no, algún día ser un paraíso fiscal.

El “orden natural” que anhelaba Von Hayek o la Libertad de elegir en el prontuario de Friedman, que costó miles de muertos y desaparecidos. Ese es el sueño del Tea Party republicano, de Mike Pence, para América Latina. (O)