Matrimonio igualitario, ¿qué sigue?

- 17 de junio de 2019 - 00:00

La aprobación del matrimonio igualitario legitima a Ecuador como país respetuoso con las libertades y como Estado laico. Faltando aún mucho para separar la mirada religiosa de las políticas.

Ya debe ser pecado utilizar el nombre de Dios en discursos políticos para cautivar a las masas, más si es para funcionar como métodos persecutorios y de odios. Debido a esta conquista en materia de derechos, los debates de la “sexualidad natural” del ser humano se vuelven a abrir.

Estos bichos que somos, los humanos, estamos volcados al lenguaje, al derecho, al deseo, a lo complejo de la sexualidad, que es lo que nos diferencia de los insectos y del mundo natural por completo. Y si no tenemos igualdad de oportunidades, solo somos un bicho kafkiano.

Sin embargo, muchos hemos tolerado grandes dosis de ignorancia desde el dogma religioso por siempre. Quienes estamos del lado de la ciencia, filosofía, pensamiento reflexivo o psicoanálisis, hemos sido respetuosos, inclusive demasiado condescendientes con las creencias de los dogmáticos, que no son para nada inocuas. Aguantando evangelizaciones desde el taxista, el pecador reformado, hasta en las sobremesas familiares.

Es bullicioso que un discurso supuestamente de amor y respeto al prójimo sea constantemente una empresa política, para preservar el estatus de clase a costa de la vulnerabilidad de sus incautos feligreses. Se está demostrando lo caduca que puede ser esta industria para la convivencia y el bien social, ya que siguen oponiéndose a derechos a partir de una supremacía moral que ni los mismos mesías vestían.

No se puede confiar en una institución que es enemiga de la sociedad y que solo vela por la conveniencia de su propia compañía vendiendo boletos al cielo.

El siguiente paso que nos toca no es ninguno otro más que, de ahora en adelante, hacer respetar el Artículo 177 del COIP, que sanciona cualquier acto de odio: agresiones físicas o psicológicas -debido a la coyuntura- por sexo, orientación sexual y género.
Amen, sin tilde. (O)