El llamado del fuego

- 18 de junio de 2020 - 00:00

Hay un libro admirable: Cultivando las raíces de la sabiduría. El texto refiere a aforismos, con énfasis en la práctica de la virtud, según las tres grandes tradiciones filosóficas de la China: el taoísmo, el budismo y el confucianismo.

“Hong Yinming, un hombre sin duda cultivado y erudito, perteneciente a la época de la dinastía Ming en el período Wanli (1573-1620), nos ofrece un conjunto de sabios pensamientos y consejos que le servirán de guía a aquellos que quieren vivir una vida digna y apropiada, en medio de una sociedad donde el continuo afán de competir y la búsqueda desenfrenada de bienes materiales es el pan de cada día”.

Como en todos los tiempos, durante ese período la ética permanecía dormida y las falsas creencias se alzaban en boca de los charlatanes. Los filósofos, entonces, decidieron buscar en los saberes antiguos las esencias que estaban perdidas. Lo primero que pensaron es en el tema de la posesión del dinero. Nos advierten que es mejor estar en compañía de los ermitaños en lugar de los mercaderes.

“Al conducirse en sociedad, no hay que buscar con ansia el éxito: el no cometer errores ya es meritorio. Al tratar a los demás con benevolencia no hay que esperar gratitud a cambio: el que no se conviertan en enemigos ya es gratitud.

El mortificarse por realizar acciones virtuosas es una bella característica moral. Pero demasiados sufrimientos hacen que la tranquilidad del espíritu sea muy difícil. El despreciar el poder y la riqueza es una noble cualidad. Pero demasiadas privaciones que el ayudar a otros y beneficiar a la sociedad sea muy difícil.

Al juzgar a alguien que ha encontrado desventura y ruina se deben primero entender sus aspiraciones iniciales. Al encontrar a alguien que ha alcanzado el éxito, es necesario ver su situación final. Después de residir en un lugar bajo se conoce el peligro de ascender a las alturas. Después de estar en la oscuridad se sabe lo deslumbrante que es la luz”. (O)

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