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Juzz Pincay Pazmiño

La violencia machista en 280 caracteres

14 de mayo de 2021 07:00

He escrito una cantidad importante de veces sobre la violencia política -digital- hacia las mujeres. Quizá algún día ya no sea necesario, pero hoy sí lo es.

Amanda Hidalgo, asesora legislativa, compartió un tweet con fotos donde comentaba su crecimiento y proceso dentro de la Asamblea Nacional. Esta publicación recibió insultos, quejas, comentarios sobre su físico, su vida personal y su ropa. Pensé en las mujeres que sueñan con ser parte de la función pública – política y que estarían leyendo la violencia a la que se ‘van a tener’ que exponer. Porque el patriarcado nos repite que esto es normal, que esto es parte del juego, que es correcto que nos violenten. Lo hace porque el desaliento y el miedo vienen incluidos en la estrategia para que nos quedemos calladas y del lado que ‘nos corresponde’. El patriarcado hace todo esto para luego lavarse las manos y cuestionar en público nuestra ‘poca participación’ en la política.

Las mujeres que han logrado tener espacios y audiencias importantes son atacadas. Pasa en la política, en la publicidad, en la comunicación, en el derecho y en todos los ámbitos donde empezamos a involucrarnos con fuerza. Ahora, las mujeres que han logrado todo eso y además son activistas feministas, reciben doble agresión por la doble transgresión que se hace al sistema. Lo dice Catalina Ruiz-Navarro, periodista feminista, ‘somos mujeres hablando de lo público en lo público, y al mismo tiempo incitamos a otras mujeres a transgredir’ y el costo de hacer esto es muy alto, sobre todo en redes donde todo queda escrito, donde con una captura de pantalla queda para siempre en la memoria de la víctima. No es un insulto en la calle, las redes sociales logran que nuestro nombre sea el tema del día, donde con un clic podemos ver el desfile de insultos y ‘opiniones’ sobre nuestra dignidad.

Si Amanda subía una foto junto a una cocina o hablando de deseos maternales o de matrimonio, nadie la iba a insultar porque estaba haciendo algo que el patriarcado gusta que hagamos. O quizás, incluso cumpliendo la norma patriarcal, sí la insultaban porque es Twitter, pero no con la fuerza y con las palabras que usaron donde hablaron de su cuerpo y cuestionaron su capacidad. Pero no, Amanda subió una foto hablando de lo feliz que era en su trabajo en el poder legislativo, y el machismo no soporta a mujeres exitosas. Al machista (hombre o mujer) le revienta el hígado que una mujer llegue a espacios de poder, que hable, que escriba e inspire al resto a cuestionar, a hablar, a escribir.

Nuestra existencia ya es resistencia, en las redes, en lo público, y sí también en lo privado. Nuestra existencia es incómoda para quienes se acostumbraron a escuchar paneles de hombres. A observar comités empresariales de hombres. A ver en noticias solo a hombres. El feminismo es incómodo incluso para nosotras porque ya no podemos dejar pasar estas cosas que parecieran banales, y tenemos que quejarnos y ‘joder’. Joder para que nos incluyan y luego joder para que no nos insulten. Nuestra existencia ya es resistencia.

Yo, como lo he escrito algunas veces, soy una mala feminista que incluso sabiendo que solo entrando al sistema vamos a cambiar esto, también tiene miedo. Tengo miedo que hablen de mi cuerpo -que ya de por sí es una lucha personal diaria- o de mis relaciones. A pesar de que el feminismo me ha enseñado tantas cosas hermosas, siento que no soportaría que alguien me diga que soy una ‘perra arribista’ por llegar al cargo en el que estoy -lucha que las mujeres llevamos fuerte con el síndrome de impostor porque la sociedad nos cuestiona de forma tenaz nuestras decisiones profesionales- y todo este miedo que siento a veces se consolida con los mensajes que reciben otras mujeres y entro, sin querer, en la espiral del silencio.

El miedo se traduce en no querer participar y lucho para no dejarme llevar por el pánico que me produce la posibilidad de ser atacada, porque sé que minimizarnos a través de insultos es una estrategia patriarcal. Y escribo esto para recordarle a las mujeres que, por favor, no se arrastren por el miedo. Sé que es complejo. Lo he vivido. Pero debemos cuestionar, revisar, inspeccionar ese miedo para llegar a su origen, y luego luchar contra el sistema patriarcal y machista que sonríe cada vez que una compañera es atacada en twitter o en otros espacios digitales. Lo sucedido con Amanda no es un caso aislado. A diario, en redes, las mujeres activistas feministas de cualquier rama profesional son violentadas. Sí, es violencia. No, no estamos exagerando.  

Hoy abrazo a todas quienes han sido víctimas de violencia digital, me disculpo si he callado, porque yo entiendo que el silencio también sostiene al patriarcado. Lucho para que mi sororidad no sea selectiva, y aprecio el esfuerzo de todas quienes -incluso con mucho miedo- continúan ‘jodiendo’ el sistema patriarcal con su presencia en los partidos políticos, discursos y textos, en lo público y lo privado. No están sola. No estamos solas. Se va a caer.

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