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Juzz Pincay Pazmiño

La importancia del: Yo te Creo

26 de julio de 2021 00:01

En una semana, de hecho en el mismo día, dos mujeres denunciaron a través de sus redes sociales a sus agresores. Ambas habían sido violentadas y humilladas por ellos. Ambas denunciaban a sus exparejas por hechos ocurridos años atrás. Ambas fueron cuestionadas por denunciar ahora y no en ese momento.

Han pasado años desde que un amigo me invitó a aprender de su trabajo. Esa noche, en Salinas, intentó besarme y tocarme a la fuerza, solo me soltó después de un forcejeo que recuerdo eterno. Paralizada por su acción, en shock, sobándome las muñecas por la presión que hizo para retenerme, me mantuve junto a él sin saber qué hacer. Al día siguiente, ambos hicimos como si esa escena jamás pasó. Y ambos seguimos con nuestras vidas. No volvimos a hablar. Cuando llegué a Guayaquil le conté a mi mejor amiga y recién hace un par de años a un exnovio.

Hace poco tiempo, en una reunión donde todos hablaban tan bien de él, lo conté, segura que por lo menos iba a recibir un ‘lo siento’. Pero no fue así, puedo asegurar que nadie me creyó o a nadie le pareció tan grave, porque él es ‘un gran profesional’. Lo repiten siempre que hablan de él. Mi amigo es famoso en el medio. Si yo digo algo ahora, probablemente, la que se llevaría la peor parte sería yo. Probablemente leería cosas como las que le escribieron a Verónica Guevara y a Claudia Briones cuando hicieron sus denuncias públicas, quizá la pregunta más repetida sería: ¿Por qué ahora?

Cuento mi historia para retratar la tristeza que sentí cuando gente querida no me creyó. Y para que entendamos que cuando restamos credibilidad a mujeres que han sido víctimas de violencia de género es una condena al silencio y la impunidad. Podría aventurarme a decir que yo no tengo consecuencias de ese escenario, más que el recuerdo del terror que sentí atravesado en el cuerpo. Claudia y Verónica hicieron denuncias con pruebas pero igual fueron cuestionadas porque el patriarcado prefiere a mujeres muertas que a mujeres denunciando. La sociedad nos cree, únicamente, cuando estamos en la caja. Y en cambio ahí, la pregunta toma otra forma: ¿por qué no denunció?

Hay un montón de razones por las cuales las mujeres no denuncian a sus agresores o acosadores, puedo mencionar algunas:  factores económicos, violencia sicológica, manipulación, en algunos casos ni siquiera categorizamos algunas acciones como agresión, sienten que es su culpa, dependencia emocional y por el miedo de que nadie les crea. Claudia en su cuenta de Instagram, además de contar su historia, cuenta la de dos exparejas de su agresor, que la contactaron; estas mujeres también fueron víctimas de él. Estas dos chicas como yo y como muchas decidieron usar al silencio como cierre de capítulo. Nadie puede juzgar a nadie por callar una agresión, cuando es el mismo sistema fallido de justicia el que nos presiona la boca para que no armemos escándalos porque nuestras vidas y carreras pueden verse gravemente afectadas en el engorroso proceso.

Por eso quienes se atreven a denunciar públicamente son mujeres valientes, y este acto también es un llamado de atención a la justicia que nos obliga a buscar alternativas para que, por lo menos, exista una sanción social. Estas denuncias públicas son necesarias para volver a poner el tema en la mesa, para que otras mujeres identifiquen formas de acoso de las que podrían ser víctimas, para animar a otras mujeres a denunciar, para que las autoridades -por lo menos así- nos regresen a ver.

Catalina Ruiz-Navarro, en su libro Las mujeres que luchan se encuentra, dice lo siguiente:

‘Para mí es un compromiso ético creerles a las mujeres que denuncian violencia de género, escucharlas y entender que, como mínimo, nadie hace una afirmación pública como esta sin una razón importante’

Frase que hoy hago mía y a la que adhiero, porque estoy consciente que cuando no les creemos a las víctimas de violencia somos, sin querer, parte del problema. El silencio, en algunos casos, puede ser efectivamente el cierre de un capítulo y en otros, lleva a las mujeres a ser parte de la estadística de feminicidio.

Gracias a las que han hablado y entiendo con todo mi corazón a quienes no quieren hacerlo. Invito a lxs lectorxs de esta columna a la empatía cuando lean denuncias públicas de esta índole.

Yo te creo, Verónica. Yo te creo, Claudia. Yo les creo.

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