La investigación científica

- 06 de febrero de 2019 - 00:00

a revista científica debería ser concebida como una propuesta de innovación educativa dedicada a consolidar plataformas de exposición de investigaciones sobre nuestra realidad para transformarla. Con ello no solo se aportaría a un mejoramiento de las condiciones de divulgación académica sino que se crearía una comunidad de aprendizaje sobre nosotros mismos.

Pero en un mundo académico influido por una dudosa industria editorial transnacional que limita la autonomía académica a las instituciones de educación superior (IES) y reduce la perspectiva de sus docentes e investigadores, esto es decir mucho. Esa industria es responsable de la gradual privatización del acceso al conocimiento, la desertificación de publicaciones locales que, por no ajustarse a los parámetros hegemónicos aceptados por una convención no convenida, son menospreciadas, infravaloradas y condenadas a su desaparición.

Que no se nos malentienda; no estamos en contra del ejercicio editorial serio y la investigación calificada, sino en contra de la estulticia irreflexiva que se pliega a los requerimientos del poder sin cuestionarlos, un poder que a través de esa industria editorial transnacional ha organizado un complejo sistema de restricciones gnoseológicas y de recompensas extra académicas que han terminado restando calidad y público a las publicaciones científicas.

Consideramos que es necesario recuperar la autonomía para investigar y publicar. Siguiendo a José Revueltas la autonomía en el caso de las IES, de ninguna manera se debe restringir al plano jurídico administrativo, sino que debe ampliar la tarea fundamental de la educación, esto es la realización del pensamiento y la maduración de la conciencia.

La conciencia enfrentada a la realidad, usa el conocimiento como herramienta de trabajo privilegiada para impugnar todo aquello que amenace la libre posibilidad de reflexionar, conocer y transformar esa realidad, en otras palabras, de construir el saber.

Conciencia y saber se conjugan en una relación directamente proporcional. A mayor saber mejor conciencia. A más conciencia, mayor necesidad de saber. La conciencia se transforma gracias al conocimiento. La conciencia sabe algo y se sabe a sí misma, pero también puede ser conocida por el otro.

La conciencia es, en tanto saber de la conciencia de los otros que saben de mi conciencia mediante un acto idéntico al de la mía. Una identidad basada en un acto de conocimiento autónomo, que nos permite defender la investigación científica en tanto camino de humanización y de comunidad. (O)

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