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Ecuador/Vie.3/Dic/2021

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Carla Estefanía Pareja

Hoy estamos, mañana quién sabe

25 de octubre de 2021 09:25

Rocío sale de su trabajo, pide un taxi "seguro" en una aplicación de su celular y se dirige a su casa. Nunca llega. Su padre, luego de llamarla más de 20 veces, le escribe al teléfono esperando alguna señal, esperando equivocarse. "Hija han pasado más de 12 horas, ¿estás bien? Nos tienes preocupados". Días después encuentran el cuerpo sin vida de Rocío. Aún tenía sus pertenencias. Su celular lleno de mensajes de familiares y amistades "Avísame cuando llegues. ¿Llegaste bien? Contesta mis llamadas por favor."

Sebastián salió con su papá y hermana a tomar un helado cerca de casa. Dónde siempre iban. En su barrio. Nunca se imaginó que entre la negligencia y la delincuencia su corta vida de 11 años iba a terminar luego de recibir 4 balas en el cuerpo.

Álex era una promesa del deporte ecuatoriano. Era hijo, padre y millones seguíamos su trayectoria. Nos lo arrebataron este fin de semana, recibió varios impactos de bala prácticamente a quemarropa mientras conversaba con amistades en la calle donde vivía. Tres casos desgarradores de los muchos ocurridos solo en esta semana.

Nuestra actualidad

Hoy estamos, mañana quién sabe. Es algo que he escuchado muchos años, dicho primero por mi abuelita, luego por mí mamá. Es algo en lo que siempre he creído, sin embargo, la coyuntura actual de lo que ocurre en Guayaquil y en otras ciudades del Ecuador en cuanto a seguridad, hace que sienta y medite en esa frase hoy más que nunca.

También perdí un familiar hace pocos meses debido a la inseguridad. Su núcleo familiar quedó roto. Si pequeño hijo aún le llora. Estos hechos van más allá de ser injustos y de indignar masivamente. Lo que ocurre es simplemente desgarrador y nos nuestra las costuras de nuestra realidad y la precariedad de las acciones de gobiernos convenientemente ciegos.

Las muertes violentas, los robos a víctimas de accidentes de tránsito, los asesinatos masivos en las cárceles, las personas heridas porque no tenían qué robarles, entre otras acciones que ocurren a diario, nos tienen sentadas en el borde de las sillas esperando a que llegue a casa sana y salva esa persona que queremos.

Y no es para menos, cuando en menos de 6 meses hemos visto varias masacres dentro de las cárceles, cuando dentro de un estado de excepción hay una violencia que recrudece a cada minuto. Cuando no se respeta ni la seguridad del hogar o si vives en una ciudadela cerrada. Cuando en menos de un año ya hay 525 muertes violentas, de las que se conocen.

¿Qué falta?

Falta que el Gobierno, todos los gobiernos se involucren realmente en un cambio estructural.

Lo que se escucha en la calle es que los delincuentes deben estar presos porque una ciudad no puede vivir en zozobra. Que "los derechos humanos" protegen criminales. Que se debe defender a la policía haga lo que haga. Lo que no se escucha es de dónde nace todo esto, por qué nuestras sociedades están plagadas de corrupción, crimen, todas las formas de violencia y discriminación, sumado a la inconmensurable falta de voluntad política para resolver estos (y otros) problemas esenciales.

¿Acaso sabemos las razones que llevaron a delinquir a alguien? ¿Sabemos cómo una vida de pobreza, falta de alimentación, violencia y demás ha afectado su existencia? ¿Nos hemos puesto a pensar más allá de nuestro metro cuadrado, o sólo queremos revancha y venganza? ¿Hemos reclamado realmente a los gobiernos de turno por lo que TIENEN que hacer y mejorar en el Ecuador?

En un país tan desigual socialmente, donde la ciudadanía de a pie se siente abandonada a su suerte, dónde los políticos de turno juegan con los sueños e ilusiones de sus votantes, se debe invertir un gran porcentaje del presupuesto del Estado en planificación, educación y salud, para que no pensemos luego que la violencia se va a terminar porque se decretan estados de excepción, trayendo militares a las ciudades o dándole armas a las personas. 

Como pequeño ejemplo de inequidad, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha realizado un estudio llamado "La Matriz de la Desigualdad Social en América Latina". Las cifras recogidas en este estudio del 2014 muestran que la tasa de pobreza de la población indígena era superior a la de la población no indígena ni afrodescendiente. Mientras que la tasa de pobreza de la población afrodescendiente era más del doble que la de la población no afrodescendiente ni indígena en Brasil y Uruguay y alrededor de 1,5 veces en Ecuador y Perú. 

Ni Rocío, ni Sebastián de 11 años, ni mi familiar, ni las personas que murieron en las cárceles van a regresar, sin embargo, su paso por este plano terrenal nos dejó grandes mensajes de la reparación que necesitamos como sociedad. La reparación que nos debe un Estado de Derecho como el nuestro. ¿Es la violencia la respuesta? No lo creo. Somos mejores que eso. No abandonemos nuestra humanidad y creemos un mejor mundo para quienes vienen, exijamos que nuestros derechos se garantizen, porque hoy estamos, mañana quién sabe.

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