La génesis del pasillo

- 11 de octubre de 2018 - 00:00

Como muchos países andinos, Ecuador tenía dos vertientes musicales. La una, aquella emparentada con los antiguos rituales, en una música pentafónica, y la otra, aquella venida desde Europa (que incluía la música religiosa).

Había que esperar la llegada de los aires independentistas para que también la música adquiriera otras características. A todo esto hay que añadir el influjo de, por ejemplo, el romanticismo o el llamado “nacionalismo musical”, que permitió, desde lo académico, un guiño a las raíces vernáculas.

Mucho se ha discutido la paternidad del pasillo, a veces visto como una reivindicación del sentido de patria, pero es indiscutible que este género musical es producto, como todas las músicas, de profundas influencias. Se lo sitúa en el último cuarto del siglo XIX, en la época de Ignacio de Veintemilla, exactamente en 1877, procedente de Colombia, lo que no quiere decir que en el país tuviera sus características propias, como es el caso de Aparicio Córdova, quien compuso el pasillo “Los bandidos”.

Aunque existen múltiples criterios, lo más plausible es que el pasillo, como refiere el investigador Octavio Marulanda, sea una derivación de la palabra española “paseíllo”, que designa un aire festivo popular. Es decir no sería una derivación, como se creía, del diminutivo de la palabra “paso”, por “pasito”, sino más bien de “paseo”.

El término “pasillo” está vinculado a las representaciones dancísticas relacionadas con la tauromaquia. De hecho, se sabe que en los siglos XVIII y XIX eran frecuentes las danzas que rememoraban las corridas de toros, como es el caso del “toro rabón”.

En lo referente a la afirmación nacional del pasillo, se señala dos hitos importantes, por un lado el desarrollo de la industria fonográfica y su difusión a través de las emisoras de radio, y en segundo término la reactivación nacionalista, luego del conflicto bélico con Perú, en 1941.

Hay que destacar, además, la regionalización, el sabor local, que consiguió el pasillo especialmente en lugares como Loja, Imbabura y Manabí, que aportaron con sus propias visiones. (O)