A Fernando Tamayo Rigail

- 19 de noviembre de 2019 - 00:00

Dice el historiador guayaquileño Gabriel Pino Roca que “el conocimiento de la historia es útil y necesario, y si nos interesa saber lo que fueron e hicieron en el mundo pueblos extraños, estamos obligados a conocer, de preferencia, el pasado del propio, que constituye los anales de la patria.

La patria es el territorio donde nacemos, crecemos y habitamos, unidos a otros hombres por el mismo origen, la misma lengua, la misma creencia, las mismas leyes, y en el que, antes de nosotros nacieron y vivieron, ligados por idénticos vínculos, nuestros antepasados. Para amar a la patria, con verdadero sentimiento, debemos comenzar por darle en nosotros mismos, ciudadanos que no le causen vergüenza, sino que le traigan honor”.

Fernando Tamayo Rigail le trajo honor a la patria. Tenia un sentido elevado de servicio ciudadano, sin esperar nada a cambio. Ejerció las funciones de Registrador de la Propiedad de Guayaquil desde 1995 hasta diciembre de 2011. Elaboró el enlace del Registro con el catastro municipal, lo que permitió la seguridad jurídica en la tenencia de la tierra, creando así la matrícula inmobiliaria. Documento único en Ecuador creado expresamente por Tamayo, para generar un mejor servicio.

Fernando Tamayo vivió para servir enteramente. Su ideal en la vida fue la patria. Su pasión fue su familia, a la cual entregó todo su amor y dedicación. Su esposa, María Leonor Alcívar, y sus hijos, Luis Fernando y María Leonor Tamayo. Amó a Guayaquil y a Ecuador y su entrega fue íntegra y completa.  

Fernando nos dejó en diciembre de 2011. Nos hace falta. Era un hombre imprescindible. Por eso el exalcalde Nebot resolvió erigirle un monumento. Pero el sitio donde está colocado nos es desconocido. Solicito respetuosamente, y este es un pedido que lo hace la UNP, que dicho busto que rinde homenaje al trabajo grande de Tamayo sea trasladado a un lugar más público y cercano al Guayaquil que crece, por el que tanto trabajó nuestro amigo.

Sugerimos que este nuevo lugar sea el Malecón del Salado, el parque de la Kennedy o el paseo peatonal de la Universidad de Guayaquil. Se lo merece. (O)

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