De dilemas y tragedias

- 14 de enero de 2020 - 00:00

Imagine que tiene frente a sí una palanca que puede cambiar el curso de un tren que va hacia cinco personas atadas a los rieles. No obstante, la activación de la palanca dirigiría el tren a otra vía donde también hay una persona atada a los rieles.

¿Cambiaría usted el curso del tren? Hacer o no hacer algo implica alguna pérdida: la vida de una o cinco personas. Se trata del famoso Trolley problem, inicialmente concebido por Philipa Foot y así bautizado, después, por Judith Jarvis Thomson.

La fortuna del ejemplo mental fue tal que influyó de manera decisiva en la filosofía moral, pero no solo en ella. También la neurociencia ha puesto sus ojos en este ejemplo que, según parece, puede decirnos mucho acerca de nuestro razonamiento moral.

Este tipo de casos, sin embargo, puede consistir no solamente en experimentos mentales. Es fácil concebir varios en donde una persona se enfrenta a un dilema moral. Estos dilemas, en general, suponen la imposibilidad de seguir dos exigencias morales que entran en conflicto.

Ya la tragedia griega nos brinda ejemplos. Orestes debe vengar la muerte de su padre (Agamenón), pero también respetar a sus padres, y dado que la asesina de su padre es su madre (Clitemnestra), se plantea –para él– un dilema de peso. Hefestos, en Prometeo encadenado, se lamenta diciendo que le faltan fuerzas para encadenar a un dios de su propia sangre en una cima azotada por las tempestades.

Sin embargo, dice también que es preciso encontrar el valor para hacerlo, “porque desobedecer las órdenes del padre [Zeus] trae siempre graves males”. Ni hablar del caso de Edipo, presa de su “destino”.

Bien conocido es también el caso propuesto originalmente por el filósofo Carnéades, aquel en el que dos náufragos buscan salvarse y hay una sola tabla en el mar que no puede contenerlos a ambos. Incluso podríamos ir más atrás en el tiempo. La más antigua obra literaria conocida, La epopeya de Gilgamesh, tiene ya el planteamiento de un dilema.

Parecería que, de algún modo, la historia –desde sus inicios– aparece atada a este aspecto tan complejo, que nos fascina y que, por otro lado, nos revela en nuestra humanidad (a veces trágica). (O)

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