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Christian Gallo Molina

De la defensa Chewbacca

11 de octubre de 2021 00:34

Piense en lo siguiente: se inicia una investigación en su contra por un presunto delito que usted no cometió. Entonces, la preocupación lo empieza a cercar. Dado que desconfía del sistema de justicia, prefiere contratar inmediatamente un abogado para que se encargue de esta primera fase.

No obstante, y a pesar de los esfuerzos del primer abogado, Fiscalía solicita se formulen cargos en su contra. Sumamente preocupado, entonces, recurre a un segundo abogado con especialidad en área penal para que lo defienda.  En el mercado, usted encuentra varias ofertas. Cada una se diferencia de la otra tanto en virtud de los conocimientos, la experiencia y por supuesto los costos que cada profesional del Derecho representa.

Entonces usted se deja llevar por una opción que le ofrece costos moderados, experiencia (ya que dice tener más de 20 años en el litigio), imagen (pues se dice mediático) y por supuesto como “plus”, le vende a usted la idea de que el mentado profesional es experto en el “sistema oral.  De lejos, la oferta no parece tener nada de malo.

Sin embargo, llega el día de la audiencia y el profesional que usted ha contratado opta por hablar lo primero que le viene en mente. Usando la retórica como un auténtico sofista expulsado de la antigua Grecia, no se centra en el punto sobre el cual se ha trabado la litis sino que, como si se tratase de un experto demonólogo, empieza a hablar de demontres y espectros en el debate penal. La audiencia, confundida, no sabe que sucede, entonces el profesional, opta por citar a autores y a poner hábilmente en sus bocas palabras que jamás dijeron. Como si no fuera poco, echa la culpa de todo lo sucedido en el proceso penal al tan inculpado último mandatario y concluye su alegato recurriendo a recordar lo que muy probablemente un estricto profesor en sus primeros años de carrera, ya hace muchos años, le obligó a memorizar: los mandamientos del abogado de Eduardo Juan Couture.

Seguramente usted se estará preguntando ¿Qué sucedió? Pues bien, lo que acaba de leer (caso sucedido en la vida real, por cierto) no es sino una “estrategia argumentativa” a la que curiosamente se la ha denominado como la “defensa Chewbacca”. El término tiene su origen en uno de los episodios de la serie americana “South Park”, transmitido en el mes de octubre de 1998, en el cual los creadores de la serie decidieron hacer sátira de los argumentos esgrimidos por el abogado Johnnie Cochran durante el juicio que se llevó en contra de O.J. Simpson por el asesinato de su cónyuge.

La mencionada “estrategia” consiste en una serie de argumentos sin ningún tipo de lógica o sentido que persiguen confundir al juzgador. La misma, desde la lógica formal, es considerada como una falacia ignoratio elenchi, es decir, aquella que utiliza un argumento que resulta irrelevante para la conclusión. Así, por ejemplo, en el capítulo citado se plantea algo como “Señores jueces: Chewbacca es un wookie del planeta Kashyyyk, pero que vive en el planeta Endor, lo cual no tiene sentido. El presente proceso tampoco tiene sentido. Por tanto, debido al hecho de que nada tiene sentido, deben absolver a mi cliente”.

De esta forma, estos curiosos especímenes se consideran brillantes litigantes con la capacidad de criticar a otros colegas (e incluso humillarlos), pues desde la sesgada visión que su ignorancia permite, creen ser los dueños de la razón. Finalmente, cuando pierden el caso, optan por lo más sencillo: echar toda la culpa al juez.

Así las cosas, imagine que su defensa (y por tanto su inocencia o culpabilidad) estén encomendadas a un fiel practicante de la defensa Chewbacca. ¿Se la encomendaría?

 

La adopción en nuestro país del sistema acusatorio adversarial y con el, del principio de oralidad de los procesos, ha ocasionado que ciertos abogados, confundan las cosas y crean que el proceso penal es un circo en el cual la razón es lo de menos, pues lo importante es hablar de memoria, aun cuando lo que se diga sean sandeces.  En este contexto, es muy común que aquellos que hablan de “sistema oral” (el cual, valga la aclaración no existe como tal) sean también fervientes seguidores de la defensa Chewbacca.

 

Lo que hoy sucede en el ejercicio de la abogacía nos llama a tomar conciencia, pues,  de la calidad del litigio, ya este no se trata únicamente de memoria y verborreasino de preparación, de técnica y de conocimiento. La buena fe y la lealtad procesal también se encuentran en juego, por cuanto la función de todos quienes actuamos en el ámbito del Derecho no es solo respetar a nuestros colegas sino ser íntegros en la práctica jurídica a través del adecuado ejercicio de la razón. 

 

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