La vida es eso que pasa delante de tus ojos cuando te estás muriendo, así dicen los que han muerto, los que casi, también los que conocen cementerios, conversan con difuntos o se inventan el tema para lucir interesantes y coronar la noche sobre un tálamo o debajo.
La vida no pasa nunca de largo, llega para quedarse, se instala y se siente hasta el último suspiro, te obliga a respirar sin que te des cuenta, a pelear para despertar y padecer para dormir y tiene la voluntad irrefrenable de la revolución de los espermatozoides, el éxito de un solo líder viscoso que logra la calma de un mar salvaje de hormonas o la caja de pandora de un millón de otras reacciones químicas.
La vida es todo aquello, es eso y lo que está más allá, es lo verde y lo amarillo, lo rojo y lo naranja, lo azul y blanco, lo rudo y lo blando, la canción del viento, el silencio de las flores, el oro de los peces que respiran debajo del agua, la vida es transparente.
La vida es lo que transcurre cuando estás en la fila del banco, del cine, del doctor, de la tienda, de la lavandería, del concierto, del circo, del baño, es ahí cuando más te das cuenta que estás vivo porque ella tan astuta, sarcástica y coqueta, se encarga de que tus apuros sean capricho de la parsimonia del otro, solo para que aceptes que no eres más dueño que de las ganas de irte.
Hay vidas que se viven pequeñas, diminutas, otras medianas y otras gigantes; hay vidas jóvenes llenas de errores y viejas plenas de culpas, hay vidas pobres y otras con billete, a veces las humildes largas como su miseria y hay también esas ricas que duran poco porque no hay banco para asegurarla.
La vida es eso que no quieres que se acabe cuando estás enamorado, cuando tus hijos están pequeños, cuando sientes aún tus metas lejos; es exceso y abstinencia, consumo y austeridad, frenesí de libélulas, lujuria de jaurías y pájaros en jaulas que envidian a los colibríes que a su vez anhelan ser moscas y volverse abejas para ser la miel, la vida es dulce.
Amarga, salada y con suerte, alerta, obsesiva, despierta y dormida soñando en cometas que vuelan de madrugada y a la luz de los candiles, la vida es lo que se te anuda en la garganta cuando el avión se tambalea con la turbulencia y las hormigas en los labios que pican hasta el paladar cuando la que te gusta se suelta la blusa y está a punto de besarte.
La vida es estar enfermo de ganas, contagiado de preguntas, sediento de conocimientos, es la búsqueda de más preguntas que respuestas porque a lo mejor, lo más interesante de la vida es entender que estar quieto y satisfecho es estar más muerto que los muertos.
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