Ya nadie se levanta con el grito del gallo, ni con el alarido de la garganta del locutor de la radio y menos con el ring ring ring de un reloj de cuerda, que era tan efectivo para despertarnos asustados y lanzárselo por la cabeza al gato.
Ahora se programa la televisión para que se prenda y nos dé los buenos días, es decir, en tiempos modernos es la ‘tele’ la que nos enciende a nosotros, la caja boba que no es tan boba, te prende para que te prendas. Y entre que te levantas, bostezas y te estiras, descubres que aún estás en el sueño húmedo por la gotera del techo, al que irresponsablemente lo tienes padeciendo las primeras lluvias sin chova, y abrazando un grillo como si fuera un oso de peluche.
Y lo primero que vemos es abogados en la pantalla, con una mesa puesta sin mantel largo por algunos noticieros, las galas se hacen en programas de farándula, y servido como banquete el tema sensible de moda al que conductores e invitados lo miran como suculenta vianda, con ojos como platos, lenguas que humedecen labios, cubiertos en las manos y desesperados por entrarle a diente, sin la debida etiqueta.
Desfile de invitados, testigos sorpresa, especialistas en especialidades especiales y espaciales, polígrafos, dactilógrafos, sismógrafos, chismógrafos, gramófonos, malabaristas del espíritu o espiritistas, saltimbanquis de las especulaciones, elucubraciones, acusaciones, cuerda floja, hombre bala, mujer barbuda, el circo.
No es un nuevo programa de entretenimiento, son las noticias... y viva el relajillo.
Y todos enchufados al tema. Nacen empíricos investigadores de la escena del crimen, fanáticos de CSI y pesquisas aficionados. Y todos tienen una verdad propia, porque si lo vieron en la televisión, lo leyeron en los periódicos, lo dijo el presentador y lo confirmó un abogado, ¡tiene que ser cierto!
Yo veo todo y me recuerda a una canción de Charly García, ‘Promesas sobre el bidet’. Abogados peleando abiertamente en los noticieros que tienen ínfulas de juzgado y con ganas de convertirse en un ‘Bailando’ de Tinelli, pero con ternos feos, maletines grises y lágrimas amargas; calambres en el alma, cada cual tiene un trip en el bocho, difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo.
Ya no extraño Laura, ni Maritere o Geraldo, Cristina y José Luis sin censura, tampoco me hace falta ver Lo que callamos las mujeres, De la vida real, Pasado y confeso o El precio de la fama, en algunos noticieros lo tienen todo junto.
Ver noticias se ha vuelto como el programa Caso cerrado, por lo que no sería mala idea ponerse a verlo más seguido. De repente, la Dra. Polo me da las noticias.
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