Cine

Top 10 2014

Cine
26 de enero de 2015 00:00

Estas listas jamás son fáciles de hacer; he tenido que aceptar que no podré ver todas las películas que quisiera antes de escribir este registro. Me gustaría mencionar que aún tengo pendiente Adiós al lenguaje, de Godard, que hasta ahora no he podido ver en 3D. Películas que sí vi este año y valen la pena destacar son Maps to the Stars (Cronenberg, Canadá-EE.UU.), The Congress (Ari Folman, EE.UU.), Dos días, una noche (Hermanos Dardennes, Bélgica), Relatos salvajes (Damián Szifrón, Argentina), y Silencio en la tierra de los sueños (Tito Molina, Ecuador).

Boyhood (Richard Linklater), para mí, fue una decepción. Sin embargo, puedo decir que el filme, por su manera de representar el tiempo (12 años), “exige otras películas”, en palabras de Dziga Vertov. Y estas películas también son necesarias. Fue un año lleno de buen cine.

1. The Grand Budapest Hotel (Wes Anderson; UK/ Alemania)

Es un filme impecable y espectacular, realizado por alguien que ha experimentado en sus películas anteriores y que ha trabajado desde hace 20 años para formar un equipo capaz de ayudarle a crear las obras de sus sueños. El trabajo detrás de The Grand Budapest Hotel es impresionante. No habría sido posible sin que Wes Anderson hubiera hecho primero las animaciones Fantastic Mr. Fox y The Life Aquatic. La cinta resume elegantemente la carrera profesional del director, pero lo realmente encantador es que eleva su estilo a un nivel superior. Esto es posible gracias al guion, hecho por él, pero inspirado en los textos del famoso escritor y pacifista austríaco Stefan Zweig, quien salió de su país en 1934, huyendo del nazismo. En los textos de Zweig, Anderson encuentra la base para una narrativa muy sólida que si bien contiene muchos de los elementos que ya ha desarrollado en sus películas anteriores, ahora tiene la fuerza del contexto histórico en el que escribía Zweig. The Grand Budapest Hotel es una historia que nos hace reflexionar sobre qué significa ser realmente un caballero, qué es la amistad, qué es tener clase y ética en una sociedad racista y sin moral. Ralph Fiennes, como protagonista de esta historia, es perfecto para el rol. Como muchos de los personajes de Wes Anderson (Steve Zissou, de Bill Murray, por ejemplo), este es un sujeto completo, con una historia, con principios, idiosincrasia, estilo y personalidad únicos. The Grand Budapest Hotel es una unión lograda entre contenido y forma. Es bellísima (Wes Anderson nunca produce una imagen que no sea bella), pero más allá de la belleza visual, el contenido humanista de su narrativa le brinda fuerza.

2. Force Majeure (Ruben Ostlund; Suecia)

Una película que impacta desde el primer momento. La premisa en la que se basa es un acontecimiento que podría ser experimentado por cualquiera. El detonante en la vida de una pareja, una familia y los amigos más cercanos es impactante y verosímil. Ostlund, guionista y director, demuestra su habilidad al observar las relaciones humanas y su sensibilidad frente a los deseos y los miedos que nos trastornan a un nivel profundo y que causan efectos materiales, más allá de las consecuencias individuales. Ostlund logra transmitir las emociones de los personajes, su entorno, y las tensiones entre todos estos elementos, a través de los encuadres, el diseño sonoro, la edición. Crea un mundo alrededor de esta familia y su situación doméstica que, a su vez, es una situación universal. Es un estudio muy interesante sobre la masculinidad y el (esperado) rol del padre y esposo. Además, tiene vetas de humor, a pesar de la permanente atmósfera de suspenso. El casting, tanto de los personajes principales como secundarios, es excepcional.

3. L’Inconnu du lac (Alain Guiraudie; Francia)

Esta película te mantiene en vilo, con un suspenso al estilo de Hitchcock. Un masterclass en el cine minimalista filmado en solo tres espacios: la playa de un lago, el bosque y el parqueadero. Además, elijo esta cinta por su manera naturalista y sencilla de filmar la desnudez; por el manejo de la luz, como otro personaje más; por las actuaciones, especialmente del protagonista Pierre Deladonchamps, en el rol de Franck, (con un aire a Alain Delon). No será fácil olvidar esta película. Si le interesa hacer cine, mírela. Es una cinta para ver, una y otra vez, y estudiarla.

4. 20,000 Days on Earth (Iain Forsyth, Jane Pollard; EE.UU.)

En una escena Nick Cave le cuenta a un psicólogo que de niño su padre le leía Lolita, y mientras lo hacía el padre se transformaba frente a sus ojos. “Se convertía en alguien más grande”. “He became greater...”, las palabras quedan flotando en el rostro de Cave cuando las pronuncia. Es consciente de que él también quiere ser más grande. Percibimos en él un deseo de jugar como un niño con su público. Vemos sus ganas de darnos magia, de transformar nuestro mundo en algo un poco más espectacular. ¿Qué significa ser una estrella? Es una ficción, en parte es una mentira, pero también tiene algo de verdad. Es una construcción de algo superior, es alguien que a través de una performance nos eleva a otro mundo donde queremos estar y quedarnos un rato. Como Cave mismo oscila entre hombre y leyenda, entre tener sus pies en la tierra y sus alas extendidas en el cielo, los realizadores encuentran en el híbrido documental-ficción la forma justa para este sujeto transformador. “Can you hear my heartbeat?” (¿Puedes escuchar los latidos de mi corazón?), canta Cave en el escenario durante un recital. Una mujer del público se pone la mano sobre el corazón y dice: “Sí, sí, sí”; y empieza a llorar. “No soy un artista para un gran estadio. Soy un artista para espacios íntimos”, le dice Cave a su amiga y colaboradora Kylie Minogue. Tenemos suerte de que los directores Iain Forsyth y Jane Pollard lograran crear un espacio íntimo en el que Nick Cave puede continuar su proceso de expresión artística y transformación.

5. Only Lovers Left Alive (Jim Jarmusch; EE.UU.)

Inteligente, sexy, ‘cool’. Estas son las tres palabras que usaría para describir esta película de vampiros dirigida por Jim Jarmusch. Filmada entre Detroit y Tánger, con un excelente soundtrack que incluye temas de SQÜRL —proyecto musical de Jarmusch—, y la actuación (siempre) excepcional de Tilda Swinton, esta es una película para disfrutarla a nivel visual, sonoro, y por su excelente ritmo gracias a un montaje que crea la sensación de estar dentro de una coreografía.

6. Güeros (Alonso Ruiz Palacios; México)

Vi esta película en una sala prácticamente vacía de Quito, con un amigo cinéfilo, y casi lloramos de felicidad al observar una cinta fresca, realizada por un director que se arriesga a equivocarse. No es una obra maestra pero después de verla, sabes que el director será capaz de hacer una que lo sea próximamente. Hay que seguir de cerca el trabajo de Alonso Ruiz Palacios.

7. Dos disparos (Martín Rejtman; Argentina)

Dos disparos no gira alrededor de un gran tema narrativo. La sinopsis dice que la película es sobre un joven que se pega dos tiros y sobrevive, pero la historia realmente no trata de esto. Los dos disparos son una suerte de gimmick narrativo, una causa sin mayor consecuencia. Sabemos desde el principio que la historia no tendrá un gran clímax ni una dramática conclusión, sin embargo hay algo que nos mantiene atentos durante el filme. Puede ser el tono de este y su sentido del humor absurdo lo que sorprende continuamente. No sabemos qué van a decir o hacer los personajes: algunos hablan poco, pero sus palabras son precisas; otros hablan tanto que parece que se olvidan de respirar. Tanto las anécdotas (recetas de cocina, por ejemplo) como los grandes eventos son narrados de la misma forma: sin drama. El efecto es poderoso. Nos da, como espectadores, una cierta libertad para pensar en lo que estamos escuchando, observar a los personajes, y reflexionar sobre cuánto vamos a permitir que nos afecte lo que escuchamos o vemos. Como espectadora dudosa de la manipulación del medio cinematográfico aprecio mucho este espacio de reflexión y la confianza del director para permitirle a su público el derecho a pensar.

8. Locke (Steven Knight; UK)

En un principio, esta película no debería funcionar: 85 minutos de un hombre en su auto. ¿Cómo es posible? Un detalle. El hombre es protagonizado por Tom Hardy. No olviden este nombre. En Locke, Hardy revela su increíble rango como actor. En la duración que le toma llegar del Punto A al Punto B (el filme crea una ilusión de tiempo real), Hardy muestra su gran capacidad de transformación en la voz y el rostro. Es gracias a esta actuación que podemos soportar una película que en otras manos, y con otro actor, simplemente no funcionaría. En cada emoción que transmite el actor hay muchas emociones más que asoman por un cambio de mirada o en un gesto de la boca, creando un personaje contradictorio, complejo y atractivo para el espectador. Nos ayuda también la belleza de la cinematografía, como los reflejos en las ventanas del auto). El personaje de Hardy está —nos dice una y otra vez— intentando hacer lo mejor que puede. Está tratando de enmendar sus errores, de hacer lo que su padre jamás fue capaz de hacer. Hombre contra el tiempo. Una historia clásica contada de una manera nueva.

9. Manakamana (Stephanie Spray, Pacho Velez; EE.UU.)

Documental etnográfico original, sencillo en su forma, brillante en su concepto. La película capta a los diversos pasajeros de un teleférico en su viaje al templo Manakamana en Nepal, en once toma-secuencias de diez a once minutos cada una. Un reto para el espectador en observación y paciencia. Los realizadores vienen del Sensory Ethnography Lab de Harvard University, instituto responsable también de mi película favorita del año pasado, Leviathan (Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel).

10. La danza de la realidad (Alejandro Jodorowsky; Chile)/Jodorowsky’s Dune (Frank Pavich; EE.UU.)

Dos filmes ocupan este puesto. Una, la última ficción de Jodorowsky, y la segunda, un documental que ayuda a explicar por qué le tomó 23 años a Jodorowsky hacer una película después de El ladrón del arcoiris. Jodorowsky entró en mi vida en 2014 y por eso también le reservo este puesto a él. Es un cineasta y pensador valiente e influyente, que crea películas en que las imágenes son hechas del mismo material de los sueños. Se arriesga para mostrarnos algo que jamás hemos visto antes, no violencia gratuita, sino imágenes que vienen desde el inconsciente de Jodorowsky y que vibran en los espacios más profundos del espectador. Lejos de ser una película perfecta, La danza de la realidad es una obra autobiográfica y ambiciosa, creada por alguien que tiene mucho que decir.

Como vemos y vivimos en Jodorowsky’s Dune, su pasión por la vida y la creación es contagiosa.

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