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Hablemos de Her

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Hablemos de Her
03 de marzo de 2014 00:00

Amy (Amy Adams), la mejor amiga de Theodore (Joaquin Phoenix), el protagonista de Her (Spike Jonze, 2014) muestra a su esposo y a Theodore una escena del documental en el que está trabajando. Los 3 personajes miran la pantalla, hay un corte y se ve una señora que duerme... y nada más. “¿Va a pasar algo?”, pregunta aburrido el esposo de Amy; ella apaga la pantalla con algo de timidez y vergüenza. Dice: “Pasamos una tercera parte de nuestras vidas dormidos. Es cuando dormimos que somos realmente libres”.

Como la mujer del documental, Theodore, un hombre que “escribe” cartas de amor para desconocidos (entre comillas porque las dicta, pues en esta sociedad tecnológicamente avanzada no hay necesidad de levantar un dedo) también duerme. Camina –o más bien, flota- por una representación futurística de la ciudad de Los Ángeles, hablándole a una voz que solo él puede escuchar. Mientras que los demás llevan ropa de colores claros (celeste, beige y blanco), Theodore se viste de rosado, rojo y naranja. Iluminado por una subjetiva luz amarilla y el resplandor del lente (que se intensifica con la presencia de su exesposa), la colorida paleta del vestuario de Theodore lo hace resaltar en un paisaje plástico y tranquilo, un mundo monocromático que –al parecer- carece de problemas sociales. Es un escenario tan impecable como su dirección de arte, sin pobreza, sin guerra, sin ningún problema. Similar a un comercial de Apple.

Theodore, un sonámbulo romántico y solitario, encuentra el amor después del amor en la voz de “Samantha” (Scarlett Johansson), su sistema operativo personalizado. Es dentro de este estado sonámbulo citadino que Theodore se libera de la profunda tristeza de los fracasos en sus relaciones anteriores y explora una nueva manera de percibir el mundo desde el presente. Con Joaquin Pheonix como actor principal y un bello soundtrack de Arcade Fire, Her es una película atractiva por más de una razón. Su potencial, sin embargo, ha sido debilitado por un guion que se queda en lo superficial.

Theodore se enamora de una “mujer” sin rostro ni cuerpo ni historia, una máquina que trabaja como su asistente personal, que le lee sus correos electrónicos y lo escucha atentamente cuando él quiere hablar. Cuando su ex (Rooney Mara) le acusa de no ser capaz de construir una relación con una persona real, dice exactamente lo que el espectador ya ha descubierto por su cuenta. Verbaliza lo que ya sabemos sin agregar nada (ironía o sentido del humor, por ejemplo) a lo obvio. La película no indaga sobre la diferencia entre una mujer verdadera y una invención tecnológica creada para simular la experiencia de estar con una mujer, ni pretende tocar temas de poder, deseo o ilusión. Es la historia de amor de una persona consigo misma. La relación amorosa con “una mujer” casi-imaginaria es un pretexto narrativo. La verdadera historia de amor es entre Theodore y Theodore. 

Por otro lado, Her trata el tema de una sociedad cada vez más y más dependiente de la tecnología. Amy deja de hacer documentales para crear videojuegos. Theodore es un escritor y se dedica a escribir cartas para personas que prefieren pagarle a otro que hacerlo ellos mismos. Todos caminan por las calles con sus sistemas operativos sujetados a la oreja. Viven cómodos en un mundo con él cual jamás tienen que interactuar con otros seres humanos. El filme tiene más en común con Robocop que con Blue the Warmest Color, la historia de amor premiada con la Palma de Oro en 2014. Comparado con Blue, Her es una película fría y sin calor humano, al mismo tiempo que es cursi, anticuada y no corre riesgos ni en su narrativa ni en su estilo visual. La escena de sexo en Her entre Theodore y Samantha -realizada solamente con las voces de los personajes a través de una pantalla negra es sencillamente aburrida. Dura solo unos segundos pero parece que durara una eternidad. La de Blue dura 7 minutos y parece de unos segundos. La de Her es olvidable, la de Blue es inolvidable.

Si el guion de Her hubiera sido escrito por Charlie Kaufman, el gran guionista de las películas más apreciadas de Spike Jonze (Being John Malkovich, Adaptation, etc), Her sería una película mucho más consciente de las debilidades de sus personajes y de su historia inicial, sería más crítica consigo misma, más complicada y contradictoria -como la vida real. Jonze, uno de los creadores de Jackass, quien empezó su carrera como director de videoclips antes de hacer películas cinematográficas, para su segundo guion (después de Where the Wild Things Are de 2009, basado en un libro de Maurice Sendak) ha escrito una historia más adecuada para un corto o para (otro) videoclip de la banda Arcade Fire.

Al principio, parece imitar una historia de Kaufman, especialmente Eternal Sunshine of the Spotless Mind: un mundo futurístico y al mismo tiempo totalmente plausible dentro de 10 años; la tecnología y sus usos para borrar, recrear o remplazar un amor fracasado; un personaje principal obsesivo, socialmente retraído, que vive dentro de una ilusión. Pero no es una película de Kaufman. La diferencia principal es que Kaufman se enfoca en la ilusión en la que viven sus personajes a través del estilo o la forma de sus películas. Sus personajes son personas angustiadas; detrás de cada sonrisa hay inseguridad, manipulación, inestabilidad, deseo, tristeza. Son personas inestables que nos sorprenden. Sus narrativas ponen la emoción sobre la lógica; y los laberintos de la memoria sobre el tiempo lineal. Kaufman manipula el tiempo y la memoria para comentar acerca del cine y la creación artística. Mientras que en una película escrita por Kaufman  el sueño es muy parecido a una pesadilla, Jonze se queda en el sueño, en la ilusión, en la sonrisa vacía de su personaje principal, en el sexo fingido entre Theodore y su sistema operativo.

Hay una sensación de incomodidad en Her que no parece ser intencional. Hay algo artificial, no solo en el tema sino también en el tratamiento, algo similar a las películas de Sofia Coppola (Somewhere, Marie Antoinette). Esta falta de calor humano impide rescatar algo “verdadero” de la historia y de los personajes. El personaje de Amy, protagonizada por la muy creíble y natural actriz Amy Adams, es el personaje más sólido e interesante. Como “la voz de la razón”, Amy tiene algunas de las frases más significativas de la película. Casi le quita atención a Theodore, protagonizado por Joaquin Phoenix, uno de los actores más talentosos de nuestro tiempo (de primer nivel, agrego, como el querido Philip Seymour Hoffman a quien perdimos a principios de febrero). Phoenix se mete en la piel de los personajes, en cualquier rol, y por él, vale la pena ver la película. Si Joaquin Phoenix tiene, como espero, una larga y extraordinaria carrera por delante, interpretará a personajes más memorables que Theodore. Me temo que, sin los guiones de Charlie Kaufman, no se podrá decir lo mismo del futuro cinematográfico de Spike Jonze.

 

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