Sugerencia justificada

09 de agosto de 2011 - 00:00

Los ecuatorianos, en su mayoría, debido a la falta de información educativa, desconocen los episodios históricos nacionales en su verdadera dimensión. De tal manera que estimamos necesario que el Gobierno del cambio tome las medidas pertinentes para combatir esta falencia preocupante. Sabemos -eso sí- que el 10 de Agosto de 1809 se dio en Quito el grito independentista que le justificó a la capital del Ecuador el calificativo de “Quito Luz de América”, pero ni idea tenemos de hechos concretos, y peor aún de la calidad moral y cívica de sus heroicos participantes.

Todos debemos saber quién fue  el Dr. ANTONIO ANTE LÓPEZ, estelar ciudadano de esa epopeya del pasado, quien quedara huérfano de padre y madre a edad temprana y que gracias a familiares condolidos pudo terminar sus estudios llegando a ser doctor en Derecho Civil y Canónigo, para luego entregar su vida a las luchas independentistas. Él fue el temerario que entregó la resolución patriótica del 10 de Agosto al Presidente de la Real Audiencia Ruiz de Castilla, luego de haber participado en todas las reuniones  conspirativas y clandestinas en casa de Manuela Cañizares. Él pudo, gracias a su pericia y valentía, escapar de la matanza española el 2 de Agosto de 1810. Este hombre superior participó con bizarría como soldado en la batalla exitosa contra los invasores, en la provincia de Bolívar. Él fue quien -tomado prisionero, junto con su hijo menor de edad- estuvo confinado a una inmunda cárcel española en Ceuta (África), donde pasó calamidades por muchos años, llegando a aprender sastrería para subsistir. Él fue el hombre que escapó de aquella inmunda prisión para, luego de penurias, llegar a Quito, donde pudo saborear los frutos de la libertad, llegando a ser el único preclaro ciudadano de la jornada del 10 de Agosto que logró, por mil razones, ser miembro de la primera Constituyente del 14 de Agosto, convocada por Juan José Flores en Riobamba. Anciano respetable que dio lustre a ese recinto republicano, para luego volver al Congreso en 1833.

Después de lo expuesto, que es la narración verídica de los hechos, sugiero con fervor patriótico que el Palacio Legislativo ecuatoriano lleve su ilustre nombre con sobra de merecimientos. No olvidemos jamás a estos gigantes de la historia dándoles la debida inmortalidad. ¡Viva la Patria, la de Antonio Ante, la nuestra, la del pueblo!
Arturo Santos Ditto.

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