Fundamentos de un futuro diverso

20 de septiembre de 2011 - 00:00

No hay  tinta que alcance para las portadas de los medios privados de comunicación, ni  minutos suficientes en los noticieros de televisión para dar cabida  a las arremetidas de los sectores de oposición  contra las  reformas a la nueva Ley de Educación Intercultural que, entre otros puntos, establece el bachillerato unificado. Según la propuesta, quedan eliminadas las especializaciones de Químico-Biólogo, Físico-Matemático y Ciencias Sociales, permitiendo a los bachilleres técnicos  la misma formación  de los demás.  El Ministerio del ramo sostiene que, al aplicarse esta metodología, el estudiante tendrá  opciones postsecundarias para insertarse en el mercado laboral, y durante el último enlace ciudadano, la titular de esa cartera, Gloria Vidal, aseguró que uno de los objetivos estaban orientados a evitar elecciones  prematuras sobre las especializaciones a elegir.

A comienzos de  año, y como es costumbre, los medios de comunicación mostraron el drama  de los recién graduados que pugnan por ingresar a la Facultad de Medicina de la Universidad de Guayaquil: madres que no pueden reprimir las lágrimas y adolescentes iracundos, que satanizan al sistema educativo del país y responsabilizan a las autoridades por permitir que el futuro profesional de un joven esté ligado al vaivén de una tómbola.

Pero una vez que las aguas se calman y  el show termina, hay verdades que golpean  y dejan valiosas lecciones: para el tercer mes del curso preuniversitario se registró una tasa de deserción superior al 55%. Al consultarles sobre las razones del abandono de la carrera surgían confesiones de presiones paternales y equivocadas elecciones luego de  abandonar las aulas del colegio. No olvidemos que  en el ámbito educativo existen mitos según los cuales los de  Químico-Biólogo solo pueden ser médicos, los de Sociales, literatos, abogados o maestros; pero si aquellos estudiantes que a principios de año desertaron hubiesen tenido bases en otras ramas -como lo propone el bachillerato unificado- se habrían  ahorrado los dolores de cabeza y el trauma que significa abandonar una carrera universitaria.