Corrupción y cinismo

- 21 de julio de 2018 - 00:00

Para administrar un país hay que entender que lo que no nos pertenece debe ser tratado con pudor; la ética, la moral, nunca deben faltar en un servidor público. Una persona honesta vale más que mil honoris causa ilegítimos.

El corrupto elude responsabilidades, culpa a otros de sus errores, tiene justificativos para todos sus fracasos, vive en la polémica, es insidioso.

En democracia, la alternabilidad concede a la ciudadanía la posibilidad de cambiar a los gobernantes, pero los políticos de siempre, con mentiras y cinismo, buscan la reelección u otra dignidad; exhiben encuestas forjadas y la “rendición de cuentas” esconde la podredumbre y la corrupción. (O)

Dr. Rodrigo Contero Peñafiel