Atentado y agitación política

- 16 de septiembre de 2018 - 00:00

Con la conmoción mediática propiciada por su transmisión en vivo y en directo (y la reproducción constante del hecho), el atentado al candidato presidencial Jair Bolsonaro marcará un punto de inflexión en los términos de la competencia política de cara a la disputa presidencial de este año en Brasil. De hecho, ya lo está haciendo: tras conocerse las noticias del atentado, la asesoría de campaña de Gerardo Alckmin decidió retirar todos sus spots donde se criticaba a Bolsonaro [i], cosa que ocurría en buena parte de los mismos. Es que Bolsonaro se había convertido en el principal obstáculo para la candidatura de Alckmin y en una seria amenaza para la supervivencia del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Pero el atentado ha despertado esa cordialidad ética que no se sabe muy bien qué otras intenciones y fundamentos tendrá.

El hecho ha dado espacio mediático y social al siempre posible discurso moralista de consternación y solidaridad con el agredido político (aunque no sucedió lo mismo hace unos meses con los disparos a la caravana de Lula), olvidando por momentos el carácter del agredido que, en menos de una semana, pateó entre risotadas a un muñeco con la cara de Lula en la capital Brasilia y propuso, simulando disparar un fusil con un trípode fotográfico, “terminar con todos los petistas de Acre”, en un evento en ese Estado.

No sería la primera vez que en Brasil un atentado personal cambia el curso de los acontecimientos políticos. Ejemplos son la muerte de Joao Pessoa –gobernador de Paraíba- en julio de 1930, que generó la denominada “Revolución del 30” y el “atentado de la Rua Tonelero”, episodio conducido por los medios de comunicación de entonces en el que la supuesta tentativa de asesinato al periodista Carlos Lacerda culminó con el suicidio de Getúlio Vargas 19 días después, en 1954. Si es cierto que, como dicen médicos involucrados, Bolsonaro no podrá hacer campaña por 30 días, el panorama de las elecciones 2018 se modifica, tanto en las pautas de las discusiones y la agenda del debate, como en las formas y los contenidos por donde irán los posicionamientos de rivales y contrincantes.

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