Santa Elena nunca ha tenido terremotos y no registra sismos en 500 años
La tradición oral peninsular dice que nunca ha habido terremotos, ni antes ni después de la colonización española. Asegura el promotor que Ecuador registra un historial de terremotos desde el 31 de agosto de 1587 en San Antonio de Pichincha y pueblos vecinos, y que en los últimos 430 años, según publicaciones de diversos investigadores, se han producido 30 terremotos significativos.
Casi todos catastróficos, ninguno en la península de Santa Elena, ni de epicentro ni derivado, por lo que las ciudades trillizas: Salinas, La Libertad y Santa Elena, que forman la Gran Salinas no han tenido consecuencias.
Muchos habitantes de las tres ciudades sintieron levemente los temblores y algunos no percibieron nada, así tampoco los afectaron las réplicas, que han asustado en los días subsiguientes a ciudadanos de varias ciudades. El terreno está sobre una enorme roca bañada por el mar, que adicionalmente es un rompeolas natural frente a cualquier peligro de tsunamis.
La explicación se basa en consultas técnicas que se hizo al politécnico Ing. geólogo-geofísico Enrique Luna Alcívar, quien afirma que las rocas que soportan los suelos de las ciudades mencionadas corresponden a los Altos de Ancón constituidas de grandes espesores de capas de tablazos de arena, rocas sedimentarias terciarias y a las formaciones Cayo y Piñón (borde sur semiaflorantes y basamento de la Cuenca Progreso), del período Cretácico (cientos de millones de años), con una consistencia de alta dureza y que alcanzan grandes profundidades, reportes de varios km de espesor, que hace que la energía que liberó el último terremoto en Manabí y Esmeraldas se absorba con ayuda de la cordillera Chongón-Colonche -borde norte de la Cuenca sedimentaria Progreso- sin causar estragos, porque -además- fue también un terremoto superficial.
En el caso de los estratos geológicos de las cuencas sedimentarias de Manabí y Borbón en Esmeraldas, estas presentan trazas de fallamientos complejos en rocas sedimentarias que las debilitan más, rocas jóvenes superficiales de sedimentos arenosos y arcillosos que producen licuefacción en que los suelos sujetos a la acción de una energía o fuerza externa (carga) liberan el agua que contienen al ser incompresibles buscando la superficie con fuerzas de Arquímedes destructoras de las estructuras en la superficie del terreno, este fenómeno es conocido también como solifluxión. (O)
Carlos Viteri Escudero
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