PhD y el buen negocio
El título de PhD es el producto académico más costoso y requiere capital significativo. El producto suele ser una persona con capacidades desarrolladas para gestionar y dirigir los recursos necesarios para la investigación científica. Mientras más prestigio y producción científica tiene un PhD, mejores son sus posibilidades de atraer inversión financiera. Es un círculo virtuoso. Entonces, ¿qué tan buena resulta ser la estrategia económica de contratar un PhD para que dedique el 90% del tiempo laboral a impartir clases? En general, esta suele ser una terrible estrategia de negocio, desperdicio de capital humano y pérdida de posibilidades de inversión externa. Si el PhD no tiene tiempo para desarrollar sus habilidades profesionales como investigador y científico, su prestigio irá decreciendo y su productividad eventualmente se verá anulada. Es decir, la institución anuló al PhD.
Afortunadamente para Ecuador, existen ejemplos de instituciones académicas que han sabido direccionar apropiadamente el recurso humano del PhD hacia actividades como el desarrollo de la investigación, incremento de productividad científica, como revistas indexadas y patentes; pero sobre todo, la búsqueda de financiamiento y redes de colaboración internacionales.
Aquello, obviamente, se refleja en el fortalecimiento y prestigio de una institución académica, que, si se quiere ver de este modo, resulta a la final en un beneficio económico. Es decir, la universidad invierte con la confianza y tiempo designado a un PhD, para que este retribuya con los componentes necesarios para que la universidad posea la excelencia académica necesaria que atrae inversión y estudiantes.
Suena a un negocio redondo, basado en la oferta de un producto competitivo.
En cambio, el mal negocio está en creer que un PhD es una fábrica de dar clases y que sirve solamente como figura para satisfacer los requerimientos mínimos de certificación institucional. Suele suceder que un profesional en estas condiciones buscará constantemente mejores ofertas laborales, que le permitan mantener vigente su condición profesional.
El proyecto nacional de transformar la matriz productiva depende en gran medida de la estrategia al interior de las universidades para explotar el recurso PhD. Esto requiere principalmente la inversión en tiempo (4 horas de clase a la semana es lo óptimo), libertad horaria (en la academia es absurdo timbrar una tarjeta); pero sobre todo, estabilidad institucional. Son tres condiciones mínimas que, si son invertidas en el PhD comprometido con el proyecto de país, con seguridad darán frutos en unos años y a lo largo de décadas resultarán en fortalezas económicas del saber.
Pablo Santiago Jarrín Valladares
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