Los niños de Las Cabras
En la ciudad en que vivimos existe un lugar paralelo a Guayaquil llamado cerro Las Cabras, en Durán, donde sus habitantes contemplan desde lejos el movimiento de la ciudad, su gente y sus hermosas luces por la noche. Son parte del espectáculo de la modernidad, sus gustos y su gente, todo desde la distancia.
Ellos viven en un entorno azotado por la delincuencia, microtráfico, escasez de recursos, pero eso no es suficiente para acabar con lo que nace del interior de un niño de Las Cabras.
En esta ciudad periférica encontramos caras felices, inmersas en un mundo en el cual las diferencias son abismales. Y aunque los distintos estilos de vida son separados por un largo e imaginario muro llamado dinero, ellos viven día a día con la misma felicidad y ganas de siempre. Los niños de Las Cabras son mucho más que tan solo niños jugando a ser felices. Son el espejo de vida que nos demuestra que, ante las adversidades, la vida es hermosa cuando la felicidad se comparte.
Algunos sueñan con un tipo de ciudad en la cual sus sueños sean realidad y sus necesidades sean alcanzables.
Un ritmo de vida desigual en las ciudades paralelas de un mismo lugar. (O)
Jimmy Rodríguez
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