Guardias parados o tiritando de frío
Con 24 años, Jonathan sobrevivió, en Quito, tras ser arrollado por una volqueta que destrozó la caseta donde solo por las noches hace guardia disuasiva. Y sigue con secuelas del accidente. Fría, con goteras, sin un mueble para sus cosas, así quedó la caseta tras el accidente provocado por una volqueta, subcontratada por un constructor que parcialmente la reacondicionó y que está expuesto, por haber retenido la última planilla, a ser enjuiciado por el subcontratista, por el vacío legal que existe, pese a que el conductor parqueó, en bajada, esa mole, con un inseguro sistema de frenos de aire y sin tranca para llantas.
Sin un dispensador de agua caliente, sin ropa térmica, sin sensor de luz, sin cámaras. Así pasa las noches Jonathan, abandonando su caseta, para ‘autorizar’, exponiéndose aún más a los carros que suben, porque tampoco funciona la valla electromecánica. Igual de penosa es la realidad laboral de guardias, impulsadoras y cajeras que trabajan paradas, de corrido, por 10 o 12 horas en el día. Cabe introducir una reforma al Código Laboral para corregir esta incivilidad. (O)
Diego Valdivieso Anda
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