Urgente…
Urgente ayúdame a retuitear. Esa es la voz angustiada de un padre que recurre a las redes sociales como expresión de protesta e impotencia al mismo tiempo frente al dolor que lo está viviendo en carne propia. Y es que en ese mensaje desgarrador dice: Mi hijo con discapacidad se está muriendo por la no entrega de su medicamento en el IESS pese a la disposición que se haga la adquisición de inmediato y no se lo hace.
Mientras la Constitución de la República, establece que la salud es un derecho que garantiza el Estado, cuya realización se vincula al ejercicio de otros derechos; en el día a día eso no sucede. Y para ello para muestra basta un botón como es el testimonio desgarrador que lo traemos a la columna como expresión de solidaridad, que al parecer se ha convertido en palabra de museo.
Sin lugar a dudas que estamos frente a una omisión por parte del Estado y en este caso del IESS que ha llevado a un ciudadano a exhibir su sufrimiento y el de su hijo gimiendo en la soledad un dolor que no alcanzamos a sentirlo pero nos imaginamos. Desgarrador cuadro del Ecuador profundo y olvidado.
Y es que en nuestra patria el “derecho” a la salud entre comillas como los otros derechos, salvo el derecho al ocio, son una entelequia cuando al Estado le corresponde velar por la efectividad de los mismos. Y a ello se suma la inexistencia de una política pública que garantice la gratuidad de la salud y el acceso a la misma. Crea dificultades para vender facilidades, dice la sentencia popular, así de un tas te empujan a lo privado. La deshumanización en el mundo de la salud, con las excepciones que hay, es pan de todos los días; amén de que al no poder acceder a los servicios de salud, a muchas personas la parca las visita y a lo mejor está cerca de aquel niño sin voz.
Y para concluir con el mensaje, ese padre le pide al Vicepresidente abogue y que “no permita que me hijo me deje”. Pensando en voz alta decimos que los derechos no se piden de rodillas, se exigen con altivez. Y ante esa escena que lastima y sensibiliza, nos viene a la mente aquello de que la salud no es un derecho, es un privilegio. Esperamos que cuando se publique esta nota escrita ese padre haya sido escuchado y su hijo tenga la medicina que el Estado le debe.
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