Turismo y herencias
La mayoría de negocios turísticos de Ecuador son familiares, producto inicial más del entusiasmo que del conocimiento. Solo en años recientes las grandes transnacionales del turismo ingresan con inversiones importantes a nuestro país, atraídos por las ventajas que se les ofrece, debido a que las marcas fuertes traen dos beneficios: incluyen al país en sus poderosas cadenas de mercadeo y su presencia constituye un sutil aval ante los países capitalistas, de que nuestro país no es reducto de una izquierda intolerante -como lo difunden varios analistas extranjeros- sino un país que busca atraer al mundo a extasiarse con nuestras bellezas naturales.
El terreno rural abandonado desde que el abuelo murió, en algún momento se convierte en proyecto de un hospedaje que brinde las delicias rurales de las que gozamos de niños, recuerdos que nos enternecen y creemos -erradamente- que todos deberían tenerlos, así que se invierten los ahorros, luego los préstamos y se construye el hospedaje soñado; ese es justo el momento que nos estrellamos contra el planeta de impuestos a pagar, hace falta la campaña de marketing y luego de unos años el negocio empieza a tener cierta clientela compuesta por familiares y amigos solidarios con el iluminado del turismo, que ya sin recursos debe continuar en el negocio para cuidar una inversión que convirtió a la finca abandonada en un negocio próspero… para las futuras generaciones, a las cuales matriculamos en facultades de Turismo para que vengan a administrar con técnica lo que hicimos con el corazón.
Estadísticamente, 1 de cada 3 negocios turísticos familiares quiebran en la tercera generación que ya no regresan de las universidades a encerrarse en el hotel a trabajar 7 días por semana y continuar con el sueño del abuelo loco que afortunadamente ya falleció.
Queda claro que los negocios turísticos son familiares y generacionales, por lo que la nueva ley a la herencia o ‘impuesto a la muerte’, como se lo conoce en Europa, debe ser estudiada y difundida con cuidado, para no desalentar la inversión nacional en turismo y bloquear un crecimiento -apoyado por este Gobierno- que exige grandes extensiones de privilegiada naturaleza, por ser esa la especialidad con la que buscamos ser reconocidos en el mundo.
Para ciertos segmentos, la futura ley no representaría un desaliento sino que animaría a las familias emprendedoras a constituir compañías con paquetes de acciones -no sujetas a esta ley- en vez de herencias. También existe una gran cantidad de campesinos, sobre todo en la Amazonía, que han adaptado sus vidas y predios al turismo, sin una cultura societaria de por medio, sin nuevas generaciones estudiando en universidades, para ellos, esta ley desalentaría seguir en un negocio donde la plusvalía viene no por nuevas carreteras, sino en función de labores de preservación y educación ambiental, que convierten al viejo remanso de selva en un negocio turístico cotizado, de alto avalúo, de una riqueza biológica millonaria, que hará imposible a los herederos pagar el nuevo impuesto, que en Europa ha sido desmantelado para asegurar el relevo generacional en los negocios turísticos. (O)
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