Todo en vano
Esta pandemia surreal y extraña nos ha dejado algunas lecturas conmovedoras e intensas. Un libro es el mejor refugio, más, si es impreso en papel.
He disfrutado al máximo de la novela “Todo en vano” del autor alemán Walter Kempowski. Una historia polifónica de largo aliento que nos traslada a un espacio geográfico llamado Konigsberg, la capital de Prusia Oriental, importante centro científico y cultural de Alemania.
Esta novela se ubica en enero de 1945, cuando el ejército rojo invadió Prusia Oriental, destruyendo todo lo que estaba a su paso. Millones de alemanes del Este fueron expulsados de sus casas y muchos de ellos pertenecían a Prusia Oriental.
En estas páginas desciframos otras voces y otros rostros de la guerra, muchos universos, historias dentro de historias, las mismas que ocurren en una casa a la que llegan personajes de distintos matices: judíos, nazis, aristócratas, campesinos que huyen de las garras de la guerra, a quienes respeta, los acoge, los pinta.
Kempowski, nos envuelve en ambientes vibrantes de una casa-mundo, en la que sus personajes se perfilan desde el miedo, el abandono, los silencias y la ausencia de ternura.
La cadencia de la poesía y la urgencia de la esperanza se decantan en cada capítulo, en cada soplo de vida. El diálogo permanente con la muerte y la soledad, nos narran la barbarie de la violencia y exterminio.
Los bombardeos se cuelan en la memoria y sobresalto del insomnio recurrente, de los llantos ocultos detrás de las máscaras inventadas.
“Todo en vano”, un relato que va y viene, que regresa y se repite, un recurso maestro de una pluma de oficio, una pluma que corta y acaricia, que muerde y abraza. Y todo parece tan natural, fluye, se esconde, aparece, se va.
Walter Kempowski humaniza cada voz, cada expresión, es un experto en dibujar los detalles, cada gesto adquiere la dimensión necesaria para conmover y atrapar. Es un libro de frases, de momentos, de ensambles.
El autor nos deja sentir los últimos días del tercer Reich, desaparece para siempre Prusia, se borra su rastro, desaparecen su idioma y sus trazos se hacen invisibles en los mapas. Su paisaje es el olvido impuesto para lograr sobrevivir.
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