Sueño consecuente y gemido del corazón
La poesía se manifiesta desde las más variadas formas de la condición vivencial, por lo tanto aparece en la relación amatoria y en las fauces de la ciudad noctámbula, en la estridente sonoridad que esconden los letreros iluminados con luces de neón y la intrínseca soledad que produce el desvarío del ser.
Aquellos signos poéticos se descubren en el trajinar descomunal de los días y se redescubren con la pluma detenida en el umbral de la creación.
El poeta reencarna el alma de los otros, se sumerge en las aguas en donde conviven pececillos de colores, aletarga a la penumbra en donde se esconden dolores ajenos.
La poesía contiene como en una especie de espiral los enigmas reiterados por el hombre a través del tiempo. La cosmogonía observada desde las diversas aristas del entretejido humano. La naturaleza expuesta en una amalgama de sentidos. La roca incandescente que emana del recóndito volcán.
“La fiera consecuente” titula el reciente poemario de Margarita Laso. Publicación que cuenta con el sello de El Ángel Editor y que integra la colección Flor de Ángel. Tres partes integran este corpus dedicado al monte y al trueno, al cazador y al bosque en donde anidan canarios y colibríes.
Los primeros textos retratan al bravo toro, a partir de su imponente presencia en el lomerío: “toro de la altura furor de negro fuego/ parado en la cuchilla/ de tinta o de carbón la furia entraña/ tu corazón quemado de minero”. Y, con ello, las hojas de los árboles, la acechanza de la fiera, el lenguaje de la cascada, las manos del labriego junto al azadón y el aullido de los lobos.
Es una evocación al volcán, pero también un latente trepidar de besos y ausencias: “…este cielo/ no es sino la llama que me marca/ candente lumbre que te espera”. Es la búsqueda del pescador en el risco, en tanto, el sol se oculta de las frustraciones. Es la laceración que provoca insomnio y desaliento.
De repente la historia se retiene en el mármol y en las batallas milenarias de aguerridos soldados surcando horizontes y quebrantando imperios con escudos, espadas y caballos de piedra.
Los ríos atraviesan senderos inhóspitos, miradas selváticas, ambientes calurosos, en tanto, el viaje encauza al objetivo de reencontrarse con la pareja: “ahora viajo/ voy a tu encuentro/… las lágrimas del monte inquietan el oído/ y la neblina con sus lomos de serpiente/ el corazón/… en la húmeda noche/ que llevas y te lleva/ las hojas tienen el sonido de besos que bendicen”.
Voz melancólica que produce “lágrimas de cera” y que va cerrando cicatrices en cada configuración metafórica. “La fiera consecuente” emerge desde las tinieblas como un necesario alarido que profundiza la plenitud y provocación. No cabe duda de que Margarita Laso le canta a las flores y a la vida.
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