Recuperar la capacidad de sorprendernos
Los ecuatorianos aparentemente tenemos poca capacidad para sorprendernos. Por ocasiones nos acostumbramos a ver en la Tv noticias de nuestro cotidiano que ya no llaman nuestra atención y simplemente las evitamos con el zapping.
El tránsito es uno de esos nudos críticos del diario vivir que, podría decirse, nos tiene sometidos a un silencio cómplice; nos conformamos en presenciar tragedias u observar con morbo las desgracias ajenas. Salimos de esa realidad lejana –mientras somos espectadores– y todo vuelve a la aparente calma ¿Calma? Sí, pues miramos contemplativos el desparpajo de innumerables violaciones a la Ley, en el día a día, que incluye, entre otros, a la misma autoridad. El punto: el uso correcto del espacio público debería ser una prioridad y declarárselo también en emergencia nacional.
Tome nota y salga, circule por la vereda, donde es común toparse con todo tipo de obstáculos: desde conductores, que para evadir el letrero de No Estacionar, parquean en la calzada para ver si así se libran de culpa; vendedores ambulantes tomados la vereda a gusto y empoderados con esto de ser ‘autónomos’; hasta huecos de obras municipales inconclusas sin la debida señalización de alerta para transeúntes, pues existen solo para vehículos.
Son breves ejemplos de lo que se ve ‘normalmente’ en la calle y ya no nos sorprende. Citemos otros casos: policías ocupados por celular, mientras los buseros ‘vuelan’ en las avenidas, compitiendo por pasajeros. Motociclistas ‘trepados’ en veredas, zigzagueando o pidiendo paso a la fuerza a peatones, para evadir autos y semáforos. Pasos cebra irrespetados u otros con un diseño antitécnico, y que pocos usan. En resumen, un espacio público anárquico ¿Y quién se sorprende de aquello? Las autoridades tienen la potestad de aplicar las reglas; pero, así lo hagan, hay que cambiarle también el chip a los ciudadanos contemplativos y permisivos.
Traigo esto a colación ante el desparpajo de los dirigentes del transporte, que anuncian un paro contra la Ley de Tránsito, el mismo día en que dos buses de uno de sus afiliados segaran 16 vidas en un choque irresponsable.
Seguramente, si la ciudadanía tuviera esa capacidad de sorpresa, la protesta sería de los usuarios contra el mal servicio. Pero ante la falta de discernimiento, hasta parece correcto guardar silencio. Ya he visto con sorpresa muda cómo los pasajeros apoyan a un chofer infractor, cuando los policías lo detienen para sancionarlo. Intente sorprenderse y probablemente cambien las cosas.
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