Pólvora en el aire
No nos referimos a los juegos pirotécnicos de las recientes fiestas que, por riesgosos que fueran, tenían su encanto de formas y colorido. Aludimos a esa otra pólvora, altamente tóxica y peligrosa, que es símbolo de conflicto y de guerra; pólvora que comienza a despedir sus efluvios malolientes desde el pasado diciembre, y que bien pueden ser un serio anuncio bélico.
Nos referimos a las fuertes descargas lanzadas contra la Revolución Ciudadana, tomando como blanco al presidente Rafael Correa y su gestión constitucional. Por un lado, los francotiradores de la oposición levantan la versión de que el Gobierno se propone “destruir a las Fuerzas Armadas”, en cumplimiento de consignas emanadas de Fidel Castro… y de la tumba de Hugo Chávez. Todo para servir al supuesto proyecto totalitario del Presidente. Entre dichos francotiradores se destacan tres militares retirados de alta graduación: Julio Molina, Oswaldo Jarrín y Jorge Cevallos Fajardo.
Las explosivas expresiones de Molina figuran en la entrevista efectuada por el diario El Comercio, con fecha 28 de diciembre último. Días antes, el 23 de diciembre, Jarrín publicó en el mismo diario un editorial bajo el título ‘Soberanía territorial’ en el que, citando arbitrariamente a Voltaire, justifica que se produzcan “reacciones violentas ante prejuicios, terquedad en el mantenimiento de errores e incoherencias, como demuestran los altisonantes discursos extraños a los intereses de la nación ecuatoriana”. Discursos que se endilgan solapadamente al Primer Mandatario.
Por su parte, Cevallos Fajardo, en Cartas al Director que El Comercio publicó el 3 de enero, entre otros infundios, sostiene que, desde 2008, “en Montecristi, las Fuerzas Armadas bajaron a segundo plano” y que ahora “pasarán a ser fuerza auxiliar de la Policía”. En actitud concertada con estas expresiones, El Comercio, en su editorial principal de 23 de diciembre, bajo el título ‘Cambios en las Fuerzas Armadas’, luego de argumentos similares, concluye diciendo: “El Ejecutivo se muestra inamovible en su propósito de reorientar los recursos militares, pese a los riesgos advertidos”. El editorial no explica cuáles son esos “riesgos advertidos”, pero lo dicho huele a una escondida añoranza del 30 se septiembre.
Todos estos argumentos y editoriales están destinados a retumbar en las puertas de los cuarteles, por donde corren abundantes rumores sobre la supuesta destrucción de las FF.AA., su conversión en mero apéndice de la Policía, la desaparición del Issfa, la formación de cuerpos paramilitares al servicio del gobierno correísta.
Toda esta ola discursiva y mediática puede servir muy bien para revivir la pólvora que se apagó el 30-S. En todo caso, cuando el río suena… conspiraciones trae.
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