Palestina: no son números
Y es que, a pesar de las imágenes, es casi imposible lograr capturar lo que significan esos números en Palestina. Son más de 700 palestinos muertos. Más de las tres cuartas partes de estos, civiles. Más niños que militantes han sido asesinados. Si los acostáramos todos en una fila, podríamos caminar por 20 minutos entre un reguero de cuerpos y sangre. Porque los ataques son así, brutales. Cuando los paramédicos entraron el domingo a Shujaiya para asistir a las víctimas alcanzaron a decir: “Aquí no hay heridos, solo muertos”.
Más de 3.500 palestinos heridos. Entrar en un coliseo solo para darse cuenta de que todos están heridos. Y la analogía funciona, porque la mayoría no logra llegar a un hospital, ya sea porque no hay o porque, físicamente, no puede. O porque no hay doctores. O porque no hay medicinas. O porque no hay agua.
Y luego tienes a más de una decena de miles de desplazados. Más de una decena de miles de palestinos que no encuentran escapatoria de la cárcel que es Gaza, y del cementerio en el que se está convirtiendo. La única salida, en este punto, es el mar. Caminar hacia la costa y rogar no ahogarse en mar. Y rogar, de paso, que no les caiga un misil en la playa.
Con algo de cinismo, el representante israelí frente a las Naciones Unidas dijo, este fin de semana, que Israel retiró los asentamientos ilegales de los territorios ocupados y devolvió el control de Gaza a la autoridad palestina hace 8 años (lo que en su momento se llamó la ‘desconexión’). Habló sobre la oportunidad que se le dio al pueblo palestino de sacar adelante su territorio, con la infraestructura que ellos habían dejado, y los millones de ayuda que ingresaban. Ciertamente, Hamás está en un nivel a donde Israel se está acercando con vertiginosa velocidad.
Pero un movimiento así solo puede germinar en un lugar que carece de los elementos más básicos de la dignidad humana. Lo que en verdad dejó la ‘desconexión’ fue un territorio aislado, con ciudadanos de segundo orden que no podían acceder a recursos sin el consentimiento de Israel, que no podían acceder a sus trabajos sin pasar por la burocracia militar israelí y que un día amanecieron para encontrar que a su alrededor se alzaba una muro que resultó declaración y presagio de lo que sería, desde ese momento, la posición israelí frente a Palestina.
El representante israelí también dijo que no descansarían hasta eliminar el terrorismo que acosa a su población, y a la población de Gaza. Son también los salvadores. La retórica suena, viendo el gabinete ministerial que preside Netanyahu (a quien el miércoles acusaron de blando), a que bíblicamente se encargarán de que no quede piedra sobre piedra.
La frase: “No habrá paz en Medio Oriente…”, suele ser acompañada por un condicional. La frase, últimamente, se lee completa como está.
El conteo de las muertes continúa. Lo más importante, algo que nunca debemos olvidar: las víctimas no son números. Son seres humanos.
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