No serán ellos
Si no son ellos: ¿quién dará cuenta de los intereses de las corporaciones nacionales y extranjeras? Si no son ellos: ¿quién estará pendiente de los desvelos de la farándula, la frívola extranjera, la esperpéntica nacional?
Quién si no ellos, los medios privados, marcados por los grandes intereses comerciales, deben seguir con ese relato porque, la verdad, no me imagino que todo comunicador o periodista quiera estar embarcado en semejante tarea.
Por eso la sociedad ecuatoriana, sus instituciones, sus leyes, sus relaciones, debe asegurarles un espacio. Un espacio amplio, pero -y ahí esta la cuestión- no único. La multiplicidad de voces, porque múltiples son los intereses de toda sociedad, son garantía de una verdadera libertad de expresión.
En la situación anterior cuando, un poco alienados, creíamos estar representados por escasos dominios mediáticos, vivíamos una cierta precariedad de derechos: a la información, a la expresión. Por eso es hasta comprensible el descoloque de esos medios que, sorprendidos, no atinan a encarar un debate que, en efecto, ellos no plantearon.
Esa reacción inicial, grito en el cielo, descalificación, ya debería dejar paso a una más inteligente, que permita reconocer que algo cambió, que con la crisis, ya no solo económica, algunos hablan de la cuestión civilizatoria, otros sectores se han abierto paso y, no solo quieren, necesitan que sus reivindicaciones sean incorporadas al proyecto social.
Por contraste, es elemental convenir que no serán esos medios, los teñidos de ganancia económica, los que nos acerquen los nuevos relatos. No serán ellos, porque la vieja sabiduría dice que nunca hay que esperar grandes frutos de tierra yerma. Lo público, recuperado en los recientes años, algo sí tenemos que agradecerle a la crisis, no es asunto de ellos.
Antes lo público, asimilado sobre todo a espacios físicos, era sórdido, tenía que producir rechazo, vivirlo era, casi siempre, una mala experiencia. Esa fue su construcción, de ella no pueden escapar. Lo público hoy tiende a recuperarse y en esa nueva realidad deben también caber los nuevos medios.
Asumir el cambio quizá sea una de sus principales tareas, sin concesiones, porque ese cambio exige mucha coherencia, dedicación, respeto. Así que cada quien en lo suyo: el conocido relato y sus triquiñuelas; y el que hoy intenta superar los falsos debates. Nadie puede contar lo que no ve, o lo que no quiere ver.
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