Médicos versus terroristas
Los pueblos, o Estados o naciones, a pesar de sus diferencias entre ellos, grandes o pequeñas, ninguno deja de interactuar con otras colectividades similares y se generan relaciones diplomáticas, comerciales y de cooperación recíprocas, en un juego que llaman geopolítica: se intercambian bienes y servicios, hacen negocios, inversiones, créditos, otorgan becas a estudiantes, nombran embajadores, conceden visas, se forjan flujos turísticos, etc.
Hasta 1959, además de todo lo mencionado, Cuba se había convertido en un bar y casino, en un proveedor de diversiones y hasta en prostíbulo para muchos sectores de Estados Unidos, en particular para los gánsteres o mafias.
¡Y en eso llegó Fidel!
Las realidades cambiaron, tanto porque la isla se convirtió con Fidel y su Revolución en un mal ejemplo para los otros habitantes del patio trasero, peligro que fue controlado a base de dictaduras sanguinarias para frenar a los posibles insurrectos y a Cuba la castigaron con un ilícito e inmoral bloqueo económico con la intención de estrangular de hambre a ese pueblo que resistió heroicamente.
Entre los muchos méritos enarbolados por la Revolución está el de la revalorización de la solidaridad, porque en estos 53 años, pese a las dificultades financieras por diversos factores, Cuba convirtió a la salud, a la medicina y a la formación de médicos en las principales herramientas de la solidaridad: no hay país chico o grande, rico o pobre, que sufriera un desastre natural, que no haya recibido la ayuda de un contingente de médicos cubanos hasta que pasara la crisis. Montaron con Venezuela la Operación Milagro y le devolvieron la visión a millares de latinoamericanos. Crearon la Escuela Latinoamericana de Medicina, donde se han graduado gratis miles de jóvenes que retornaron a sus tierras, incluso norteamericanos.
Y a cambio, conforme informó en estos días la propia prensa norteamericana (según la Associated Press, AP), se denunció que, por medio de la entidad Usaid, han reclutado jóvenes latinoamericanos a través de una fundación OGI, apuntaron hacia la región cubana de Villaclara y, a través de una asociación llamada Creative y el pretexto de prevenir entre la juventud cubana la contaminación del VIH, impulsaron la posibilidad de integrar jóvenes que quisieran capacitarse en la lucha para la rebelión urbana, como hicieron en Venezuela recientemente.
Es un repudiable sarcasmo que uno de los países pobres, como la martiana Cuba de nuestra América, se dedique desde hace 50 años a proveer salud a propios y extraños sin solicitar nada a cambio, que no sea el respeto a su autodeterminación.
Al antagónico imperio no le bastan los campos de muerte, guerras e invasiones que tienen y ya andan fabricando nuevos campos de batalla para forjar terroristas.
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