Las ficciones del COIP
Entre el sinnúmero de fotos sobre las manifestaciones de los médicos, había una que mostraba a uno cargando un cartel con la leyenda ‘O se va Correa, o me voy yo’. Una ingenua amenaza a la cabeza de un gobierno que ya tiene listos los médicos de contingencia, vaya a ser que terminen por materializar esa medio amenaza, medio ‘bluff’ político.
Parece que más que un problema de principios, las diferentes agremiaciones de médicos no terminan por comunicar acertadamente el problema del artículo 146 del COIP. Es decir, protestar por la criminalización de la práctica médica no responde a los aspectos medulares de una ley que busca crear medidas de regulación, control y sanción de las actividades profesionales; que busca institucionalizar un modelo de responsabilidad.
Más que un problema de principios, parece que las agremiaciones de médicos no comunican acertadamente el problema del art. 146 del COIP.Las propuestas alternativas son vagas. No proponen un solución a un problema del sistema de salud (cuya panacea no es un artículo en el Código Penal) que tiene raíces más profundas y que en cada reforma, en cada ley, en cada cambio, por superficial que este sea, afloran. Proponen eliminar la ley (o alterarla para no ser afectados) y no proponen, por ejemplo, un sistema con protocolos claros, para que la prisión no sea la solución única y última de cada infracción.
Ahora, esto no significa que la ley sea perfecta. El Dr. José Eguiguren cree que en sí, el COIP es mejor que las leyes pasadas. Pero el artículo 146 dice: “Es perfecto para un país que cuenta con equipos de personal médico y paramédicos óptimos, médicos especialistas entrenados adecuadamente y con insumos oportunos y suficientes”. Es decir, es una ley para una realidad que ni el Presidente ni los legisladores parecen comprender, o conocer o importarles.
“Un cuadro básico de medicamentos tan limitado es extraordinariamente peligroso. El neurocirujano del Eugenio Espejo tiene que usar tubos de alimentación gástrica porque no tiene válvulas para drenar el líquido cefalorraquídeo. Los oncólogos, el día menos pensado, nos quedamos sin quimioterapia elemental y tenemos que improvisar tratamientos para intentar evitar la muerte de nuestros pacientes. Con esto, es más frecuente que nos encontremos en situaciones peligrosas, innecesarias e ilegítimas y seamos susceptibles de juicios de mala práctica profesional, que no necesariamente los perderíamos, pero que mancharían nuestra carrera y prestigio”.
El presidente Correa ha manifestado que no hay otro gobierno que haya hecho más por la salud. Es cierto. Pero la acción del Gobierno no es una dádiva, es una obligación. No puede ser la carta de negociación. Hacer mucho no siempre es suficiente para un país que ha vivido en desidia por décadas. Y la oposición, en este caso, no es un ataque personal, es la manifestación de problemas estructurales que no han sido resueltos.
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