Las becas del Senescyt
Las becas ofertadas en los últimos años por el Senescyt para estudios “en las mejores universidades del mundo” constituyen un hito histórico que el país lo valorará en el corto y largo plazo. Es un sueño cumplido, una utopía hecha realidad.
Para las generaciones anteriores que tuvieron que esforzarse para conseguir pocas becas de países amigos o institucionales de difícil acceso, que el propio país las oferte ahora de manera generosa pero consistente, seleccionando a los mejores, con equidad geográfica, económica y social, es un logro innegable que llena de satisfacción y orgullo.
Es de celebrar la nueva institucionalidad (como muchas otras, por ejemplo los exámenes para el ingreso al tercer nivel y las evaluaciones universitarias y de las carreras) que abre nuevos e insospechados horizontes para el futuro del país, pero conviene corregir, ojalá a la brevedad posible, ciertos errores conceptuales:
Un problema es la inconstitucional limitación en cuanto a las edades para asignación de las mismas, como si los adultos no tuvieran condiciones o derecho de hacerlo. Otro es la exclusividad del financiamiento solo para estudios en el exterior, como si los candidatos de provincias no requirieran el apoyo para hacerlo en doctorados, que sí los hay y buenos, por ejemplo en Quito. Otro es la falta de pago retroactivo a quienes ya adelantaron sus viajes porque el proceso de aprobación y adjudicación es demasiado largo o porque solicitaron la beca cuando ya iniciaron los estudios afuera. Con estas correcciones el proceso se tornaría aún más consistente.
Este año los seleccionados tuvieron talleres en diversas ciudades para entrega de la Carta de Adjudicación.
Se capacitaron sobre la propuesta Yasuní ITT y los procedimientos. Merece una felicitación dicho taller por el orgullo con el que van más de 800 jóvenes becarios, de la mejor calidad científica y humana, a constituirse en los embajadores del nuevo Ecuador que hoy tiene alta autoestima por las propuestas pioneras, la priorización de las inversiones y la planificación formal de su futuro.
Todos ellos regresarán con posibilidades nuevas, y solo queda esperar para luego exigirles los más altos resultados y continuarles apoyando cuando concluyan sus maestrías, doctorados y posdoctorados, para los cuales fueron seleccionados por sus capacidades, sin que haya importado el lugar de residencia ni la condición económica o social.
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